domingo, 25 de mayo de 2025

Cuando Chucho Monge Demandó al Flaco de Oro

 



Jesús Monge Ramírez nació un 9 de noviembre de 1910 en la ciudad de Morelia, Michoacán, pero el mundo artístico lo conoció —y lo sigue recordando— como Chucho Monge. Con una sensibilidad aguda y un oído privilegiado, forjó su camino en la escena musical desde las entrañas de la radio nacional, participando en emisoras tan emblemáticas como la XEQ, la XEW y la XEB, verdaderos templos del espectáculo en la primera mitad del siglo XX.

Fue ahí, entre micrófonos y partituras, donde sus canciones comenzaron a resonar con fuerza, encontrando en Lucha Reyes una intérprete formidable y una aliada musical entrañable. Juntos sellaron un capítulo importante del cancionero nacional.

De su pluma nació uno de los himnos no oficiales de México: “México lindo y querido”. Aunque su popularidad explotó en la voz imponente de Jorge Negrete, fue el Trío Tariácuri quien la grabó por primera vez, en 1945. Años después, el 5 de diciembre de 1953, cuando el “Charro cantor” falleció en tierras estadounidenses, su cuerpo fue repatriado y la canción, símbolo de amor patrio y nostalgia, fue entonada en su despedida. Pocas veces una obra acompaña con tanta dignidad la partida de quien la inmortalizó.

Pero no todo fue armonía en la carrera de Monge. A los 17 años, participó en un concurso de composición que lo puso frente a frente con una figura ya consagrada: Agustín Lara. Nadie habría imaginado que aquella coincidencia juvenil derivaría, años más tarde, en una disputa legal que sacudió los cimientos del mundo musical.

En 1947, Chucho Monge sorprendió al demandar por derechos de autor al célebre “Flaco de Oro”. Alegaba que la melodía de “María Bonita”, escrita por Lara e inspirada en la enigmática María Félix, guardaba notables semejanzas con su propia composición, “El Remero”, un tema dedicado a los gondoleros de Xochimilco. El conflicto acaparó titulares y dividió opiniones, aunque al final no desembocó en tribunales. El arreglo llegó de manera más personal: en un centro nocturno, Lara se acercó a Monge y le preguntó, sin perder su toque poético:
¿Por qué quieres fregarme por una canción que he dedicado a la mujer más bonita de México?
Y ante esa frase, Chucho prefirió la concordia.

Más allá de los escenarios y las partituras, Monge también dejó su huella en el cine. Su música dio vida a películas del llamado Cine de Oro, como Eterna mártir, Los bohemios y Cuando los hijos se van. También brilló en la televisión de la época con su participación en el entrañable programa “Noches Tapatías”, transmitido por la XEW.

Chucho Monge no fue simplemente un compositor: fue un cronista melódico del alma mexicana. Sus canciones no solo se cantan, se sienten —como se siente la tierra, el amor y la nostalgia por lo que somos.

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