Discurso sobre las costumbres
que vienen, las que se quedan y las que, por mucho que las corran, vuelven por
su propio pie
Por un curioso observador de
las cosas humanas, que de difuntos sabe poco, pero de vivos espantadizos ha
conocido bastantes.
No sé yo qué particular desgracia persigue a los hombres, que apenas descubren una costumbre diferente de las suyas, ya se apresuran a condenarla como si el mismísimo Lucifer la hubiese traído en sus alforjas.
