Cuando menos lo esperas: se sienta a tu lado, afina la guitarra y comienza a contarte la vida en voz baja. No necesita fuegos artificiales, porque su revolución fue precisamente esa: descubrir que lo íntimo también puede cambiar el mundo.
Cuando menos lo esperas: se sienta a tu lado, afina la guitarra y comienza a contarte la vida en voz baja. No necesita fuegos artificiales, porque su revolución fue precisamente esa: descubrir que lo íntimo también puede cambiar el mundo.
En
una mesa del rincón, de una de tantas tabernas de Zaragoza y bajo una lámpara temblorosa, un hombre con
jubón oscuro y mostacho algo descuidado levantaba su tercera jarra de vino.
—¡Otra!
—dijo golpeando la mesa—. Que esta noche no paga Avellaneda… paga la gloria.
El tabernero resopló. Dos arrieros miraron de reojo. Un estudiante de Salamanca afiló la curiosidad.
Historia ingeniosa del apócrifo que quiso suplantar a un
hidalgo
En 1614 ocurrió algo que hoy llamaríamos un escándalo editorial. Mientras el verdadero creador del caballero andante trabajaba en silencio, apareció un libro que parecía continuar las aventuras de don Quijote… pero no lo había escrito él.
Lo que casi nadie dice del Cubo de Rubik es que no es un juguete, es una prueba silenciosa de carácter. Nos lo vendieron como entretenimiento inteligente, como gimnasia mental, como símbolo de ingenio, pero en realidad es un pequeño dispositivo de humildad masiva creado en 1974 por Ernő Rubik, un profesor húngaro que quizá solo quería explicar el movimiento en el espacio y terminó demostrando los límites de la autoestima humana.
Imagínate que estás discutiendo con tu amigo porque jura que
no se comió tu pizza… mientras tiene salsa en la cara.
Para que esa discusión tenga sentido, sin que lo notes, tu
cerebro está usando tres reglas básicas. Los filósofos las llaman:
Suena complicado. No lo es. Vamos paso a paso.
Si trabajas ocho horas, descansas los fines de semana, recibes aguinaldo y además tienes seguro médico, antes de presumir tu “éxito individual” tal vez convendría enviar una nota de agradecimiento… a los obreros que hicieron huelga, a los sindicatos que incomodaron al poder y, sí, a las ideas socialistas que tanto te hacen arquear la ceja.
Ahora vamos a hablar de un libro que huele a salitre, a
pólvora y a manzanas escondidas en barriles sospechosos. Una novela que nos
hizo sospechar de todo marinero cojo y desconfiar cordialmente de cualquier
loro demasiado parlanchín.
La isla del tesoro no es solo una historia de piratas; es la culpable de que varias generaciones hayan mirado un mapa con una “X” y hayan sentido un impulso casi irrefrenable de salir corriendo con pala en mano. Porque, admitámoslo: todos llevamos dentro un niño que quiere encontrar un cofre enterrado… aunque sea en el patio de la casa de la abuela.
Hay músicas que entran como desfile. La bossa nova entra como brisa. Cuando menos lo esperas: se sienta a tu lado, afina la guitarra y ...