miércoles, 18 de febrero de 2026

LAS LUNAS MÁS ASOMBROSAS DE JÚPITER: MUNDOS QUE PARECEN CIENCIA FICCIÓN

 



Si Júpiter es un rey, sus lunas son un imperio entero.
No hablamos de simples rocas orbitando un planeta gigante. Hablamos de mundos con volcanes de azufre, océanos ocultos, campos magnéticos propios y paisajes más antiguos que la memoria del sistema solar.

Las protagonistas son cuatro. Las descubrió en 1610 Galileo Galilei, y desde entonces no hemos vuelto a mirar el cielo igual.

ÍO: el infierno volcánico

Si Dante hubiera tenido telescopio, habría escrito sobre Ío.

  • Es el cuerpo más volcánicamente activo del sistema solar.
  • Tiene cientos de volcanes activos.
  • Sus erupciones lanzan columnas de material a más de 300 km de altura.

¿Por qué tanta furia?
Porque Júpiter la exprime gravitatoriamente. La enorme masa del planeta —Júpiter— la estira y comprime sin descanso. Esa fricción interna genera calor… y el resultado es un mundo que nunca descansa.

Ío no es hielo ni tranquilidad: es azufre, lava y colores intensos que parecen pintados por un artista extraterrestre.

EUROPA: el océano escondido

Si Ío es fuego, Europa es misterio.

Su superficie es una llanura helada, surcada por grietas rojizas que parecen cicatrices cósmicas. Pero lo verdaderamente fascinante está debajo:

  • Un océano global de agua líquida.
  • Más agua que todos los océanos de la Tierra juntos.
  • Energía térmica suficiente para mantenerlo líquido.

Europa es uno de los mejores candidatos para buscar vida fuera de la Tierra.

Imagínalo: bajo kilómetros de hielo, un océano oscuro, tal vez iluminado por fuentes hidrotermales. Tal vez —sólo tal vez— algo vivo moviéndose en silencio.

GANÍMEDES: el gigante con corazón magnético

Es la luna más grande del sistema solar. Más grande que el planeta Mercurio. Pero su tamaño no es lo más sorprendente:

  • Es la única luna conocida con campo magnético propio.
  • Tiene hielo, roca y probablemente un océano subterráneo.
  • Presenta regiones jóvenes y otras antiquísimas.

Ganímedes es como un planeta en miniatura, atrapado en la órbita de un gigante.

CALISTO: la memoria del sistema solar

Calisto es silencio y antigüedad.

Su superficie está cubierta de cráteres. Apenas ha cambiado en miles de millones de años. Es como una cápsula del tiempo geológica.

Mientras Ío se transforma y Europa esconde secretos, Calisto conserva la historia intacta.

Algunos científicos la consideran un lugar potencial para futuras bases humanas, porque está fuera de la zona de radiación más intensa de Júpiter.

Un sistema dentro del sistema

Estas cuatro lunas no son satélites cualquiera. Forman un pequeño sistema planetario en miniatura alrededor de Júpiter. Cuando Galileo las observó, comprendió algo revolucionario:
No todo gira alrededor de la Tierra.

Ese descubrimiento cambió la historia humana.

Júpiter tiene más de 90 lunas confirmadas, pero estas cuatro son las joyas de la corona. Cada una representa un tipo distinto de mundo:

Ío — energía desatada

Europa — posibilidad de vida

Ganímedes — complejidad planetaria

Calisto — memoria antigua

Si el sistema solar fuera una novela estas lunas serían capítulos enteros, no simples notas al pie. Y lo más hermoso: apenas estamos empezando a conocerlas.

 

ECHAR DE MENOS (O CÓMO UN PUEBLO EXTREMEÑO ME HIZO SENTIR NOSTALGIA LINGÜÍSTICA)

 



(Artículo publicado por Arturo Ortega Morán, en cápsulas de la lengua)

Hay un pequeño pueblo en la región de Extremadura que parece dibujado con acuarela verde. Verde de alcornoques, verde de encinas, verde de matorrales que susurran cuando el viento pasa lista. Lo atraviesan arroyos cristalinos que bajan con ese optimismo de quien no sabe que el mundo moderno se lleva a los jóvenes en autobús de ida… y boleto sin regreso.

En 1950 vivían allí más de tres mil personas. Hoy no llegan al millar. Las ciudades grandes, como aspiradoras de sueños, se llevaron voces, risas, oficios, domingos y verbenas. Y dejaron una escuela con un solo salón, una maestra de nombre sonoro —Mara Cristóbal— y un puñado de niños que todavía hacen preguntas como si el universo dependiera de ellas.

Y quizá depende.

La duda que cruzó el Atlántico

Un día, en ese salón, alguien notó que “echar de menos” es una forma bastante rara de decir “extrañar”. Porque, seamos honestos: ¿qué es lo que estamos echando? ¿Monedas? ¿Suspiros? ¿Lágrimas con efecto especial?

La pregunta quedó flotando como cometa sin hilo.

Mara y sus alumnos hicieron lo que cualquier mente curiosa del siglo XXI hace: lanzaron la duda al ciberespacio, como botella al mar. La botella cruzó la Península, saludó al Atlántico, brincó la Sierra Madre y aterrizó suavemente en Monterrey, México.

En mi computadora.

Yo, que para estas travesuras etimológicas soy más rápido que un diccionario con cafeína, contesté sin dudar.

El “echar” que se coló en la fiesta

Resulta que “echar de menos” no empezó siendo “echar”.

La expresión viene del portugués achar menos. Y aquí aparece nuestra primera pista:

  • achar en portugués significa “hallar”.

Así que achar menos equivale a “hallar menos”, es decir, notar que algo falta. Sentir la ausencia.

Cuando la expresión pasó al castellano, lo lógico habría sido traducirla como “hallar menos”. Pero el oído popular —ese gran compositor de malentendidos gloriosos— confundió achar con echar. Y así nació “echar menos”.

Los textos del siglo XVI están llenos de esta forma primitiva. En la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo (1535), aparece esta joyita:

“...e los indios de los ranchos, como lo echaron menos, lo anduvieron a buscar…”

Nada de “de” todavía. Solo “echar menos”. Directo y al grano.

Y por si fuera poco, el castellano antiguo también dijo “echar harto menos”. La mística universal Teresa de Jesús lo escribió en su Libro de las fundaciones (1573):

“...cuyo sosiego y quietud echa harto menos muchas veces mi alma.”

Obsérvese el dramatismo: no solo se echa menos, se echa harto menos. Nostalgia con intensidad monástica.

No fue sino hasta el siglo XVIII cuando la expresión adoptó la forma que hoy conocemos: echar de menos. El “de” llegó tarde, pero llegó elegante, como quien entra a una fiesta cuando ya todos bailan.

El primo gallego que decidió “botar”

Aquí la historia se vuelve deliciosa.

En Galicia, donde el gallego está emparentado con el portugués, habría sido natural conservar algo parecido a achar menos. Pero no. Les llegó la versión castellana ya transformada… y decidieron reinterpretarla.

En gallego se dice botar de menos.

Sí, botar. Porque si en castellano se “echa”, en gallego se “bota”. Cada lengua hace lo que puede con lo que oye.

La nostalgia, al final, también tiene acento.

Un mensaje desde el pueblo

Días después llegó un mensaje desde ese pequeño rincón extremeño:

“No esperábamos que la respuesta llegara de tan lejos… Los niños te envían saludos. Ahora cuentan en sus casas que ya tienen un amigo en México.”

Y ahí ocurrió algo curioso.

Yo tampoco esperaba sentirme parte de ese salón con pupitres sencillos y curiosidad desbordada. Pero de pronto, al imaginar a los niños explicando en casa que “echar” fue un malentendido histórico glorioso, sentí que algo me faltaba.

Pensé en ellos.

Me los imaginé.

Y sí… hasta los eché de menos.

Porque las palabras también hacen comunidad

“Echar de menos” nació de un error auditivo, sobrevivió siglos, cruzó océanos y terminó conectando un pueblo extremeño con Monterrey.

Un verbo mal entendido se convirtió en puente.

Tal vez eso es el lenguaje: una cadena de equívocos felices que nos permite sentir la falta de alguien que nunca hemos visto.

Y si alguna vez visitas ese pequeño pueblo —verde, callado, resiliente— y oyes a un niño explicar que achar se convirtió en echar, sabrás que las palabras no solo cambian: también viajan, unen y, de vez en cuando…

…se dejan echar de menos.

 

EL MEROLICO: SEÑOR DE LA RAYA, AMO DEL VERBO Y ENEMIGO DEL SILENCIO

 



Invocado por el bullicio de la plaza —como si lo llamaran los tamales y el murmullo del mercado— aparece de la nada.

Sin escenario, sin permiso, sin micrófono. Solo necesita tres cosas:

  • un pedazo de tiza blanca,
  • un saco rojo medio raído,
  • y una lengua que no conoce descanso.

CUANDO MÉXICO SE DESPIDE CANTANDO: EL SECRETO ESCONDIDO EN LA GOLONDRINA

 



Cuando la despedida es inminente y el aire se espesa con un nudo que aprieta la garganta, en México no solemos guardar silencio.

Cantamos.

Y casi siempre, inevitablemente, alguien entona “Las golondrinas”, aunque el título original sea La golondrina.

Porque sí: el pueblo decidió pluralizarla.


Tal vez porque una sola golondrina no basta para cargar tanta nostalgia.

La despedida como ceremonia

Desde finales del siglo XIX, esta canción se convirtió en la banda sonora oficial del adiós mexicano: graduaciones, funerales, despedidas laborales, partidas al extranjero… y hasta serenatas finales.

Pero lo fascinante es que no nació en México.

El poema fue escrito en 1862 por Niceto de Zamacois, un español que vivió muchos años en México y que conoció la experiencia amarga del desarraigo.

Más tarde, la música la compuso Narciso Serradel Sevilla, también español… y también exiliado, en Francia.

Es decir: la canción que México adoptó para despedirse… nació de la nostalgia de españoles lejos de su patria.

¿No es asombroso?

La golondrina: ave y metáfora

La golondrina es un ave migratoria. Va, viene, desaparece, regresa. En el poema, el ave es espejo del alma errante:

“También yo estoy en la región perdido ¡Oh, cielo santo! y sin poder volar.” La golondrina no encuentra abrigo. El poeta tampoco encuentra patria.

Y ahí está la clave emocional que conectó tan profundamente con México, un país marcado por migraciones, exilios, idas y regresos.

El secreto oculto: un acróstico

Si tomamos la primera letra de cada estrofa, se forma un mensaje oculto. Un acróstico, recurso muy popular en el siglo XIX para dedicar poemas sin hacerlo explícito.

Las iniciales forman la frase: “Al objeto de mi amor”


A dónde irá veloz y fatigada

La golondrina que de aquí se va

¡Oh!, si en el viento se hallara extraviada

Buscando abrigo y no lo encontrará.

Junto a mi pecho le pondré su nido

En donde pueda la estación pasar

También yo estoy en la región perdido

¡Oh, cielo santo! y sin poder volar.

Dejé también mi patria idolatrada,

Esa nación que me miró nacer,

Mi vida es hoy errante y angustiada

Y ya no puedo a mi mansión volver.

Ave querida, amada peregrina,

Mi corazón al tuyo estrecharé,

Oiré tus cantos, tierna golondrina,

Recordaré mi patria y lloraré.

 

En el siglo XIX, escribir “Al objeto de mi amor” era una manera elegante, casi cifrada, de dedicar un poema a alguien especial.

Así que bajo la nostalgia migratoria… hay también una nostalgia amorosa. Doble exilio. Doble herida.

 ¿España? ¿México? ¿El amor?

Lo más probable es que Zamacois pensara en España, su tierra natal, a la que nunca regresó. Pero la magia de la canción es que ya no pertenece a España. Ni siquiera pertenece a sus autores. México la adoptó. La hizo suya. La convirtió en ritual.

Y cada vez que suena en una despedida, no sólo habla del pasado… habla del miedo universal a no volver.

Un detalle casi poético

Es curioso que México, país de fiesta ruidosa y celebraciones explosivas, haya elegido una canción tan contenida, tan íntima, tan suave, para despedirse.

No gritamos el adiós. Lo cantamos. Con voz quebrada. Como si la música hiciera más soportable la certeza de que toda partida es, en el fondo, un pequeño exilio.

 

LAS TRES CARAS DEL AMOR: EROS, NARCISO Y PIGMALIÓN

 


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El amor no siempre es lo que parece. A veces es impulso ardiente; otras, espejo; otras, escultor. La mitología griega —esa gran psicóloga simbólica de la antigüedad— nos dejó tres figuras que iluminan estas formas: Eros, Narciso y Pigmalión.

FULANO, ZUTANO, MENGANO Y PERENGANO LOS CUATRO FANTASMAS MÁS FAMOSOS DEL ESPAÑOL

 


Texto

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

¿Existieron?
¿Fueron vecinos de Cervantes?
¿Aparecen en algún padrón medieval?

La respuesta es rotunda: no hay registro histórico de tales personajes. No hay partida de nacimiento, ni tumba olvidada, ni retrato en óleo.

Y, sin embargo, los usamos todos los días.

martes, 17 de febrero de 2026

DE ESPAÑA A AMÉRICA: LA VOZ ENTRAÑABLE DE ROCÍO DÚRCAL

 



Hay artistas que se escuchan… y hay artistas que se sienten. 
Rocío Dúrcal pertenece a esa segunda estirpe: la de las voces que no sólo cantan, sino que acompañan la vida. Y cuando uno pronuncia su nombre, lo hace —como dirían los lusitanos— com muita saudade

LAS LUNAS MÁS ASOMBROSAS DE JÚPITER: MUNDOS QUE PARECEN CIENCIA FICCIÓN

  Si Júpiter es un rey, sus lunas son un imperio entero. No hablamos de simples rocas orbitando un planeta gigante. Hablamos de mundos con...