Las protagonistas son cuatro. Las descubrió en 1610 Galileo
Galilei, y desde entonces no hemos vuelto a mirar el cielo igual.
ÍO: el infierno volcánico
Si Dante hubiera tenido telescopio, habría escrito sobre Ío.
- Es
el cuerpo más volcánicamente activo del sistema solar.
- Tiene
cientos de volcanes activos.
- Sus
erupciones lanzan columnas de material a más de 300 km de altura.
Ío no es hielo ni tranquilidad: es azufre, lava y colores
intensos que parecen pintados por un artista extraterrestre.
EUROPA: el océano escondido
Si Ío es fuego, Europa es misterio.
Su superficie es una llanura helada, surcada por grietas
rojizas que parecen cicatrices cósmicas. Pero lo verdaderamente fascinante está
debajo:
- Un
océano global de agua líquida.
- Más
agua que todos los océanos de la Tierra juntos.
- Energía
térmica suficiente para mantenerlo líquido.
Europa es uno de los mejores candidatos para buscar vida
fuera de la Tierra.
Imagínalo: bajo kilómetros de hielo, un océano oscuro, tal
vez iluminado por fuentes hidrotermales. Tal vez —sólo tal vez— algo vivo
moviéndose en silencio.
GANÍMEDES: el gigante con corazón magnético
Es la luna más grande del sistema solar. Más grande que el
planeta Mercurio. Pero su tamaño no es lo más sorprendente:
- Es
la única luna conocida con campo magnético propio.
- Tiene
hielo, roca y probablemente un océano subterráneo.
- Presenta
regiones jóvenes y otras antiquísimas.
Ganímedes es como un planeta en miniatura, atrapado en la
órbita de un gigante.
CALISTO: la memoria del sistema solar
Calisto es silencio y antigüedad.
Su superficie está cubierta de cráteres. Apenas ha cambiado
en miles de millones de años. Es como una cápsula del tiempo geológica.
Mientras Ío se transforma y Europa esconde secretos, Calisto
conserva la historia intacta.
Algunos científicos la consideran un lugar potencial para
futuras bases humanas, porque está fuera de la zona de radiación más intensa de
Júpiter.
Un sistema dentro del sistema
Ese descubrimiento cambió la historia humana.
Júpiter tiene más de 90 lunas confirmadas, pero estas cuatro
son las joyas de la corona. Cada una representa un tipo distinto de mundo:
Ío — energía desatada
Europa — posibilidad de vida
Ganímedes — complejidad
planetaria
Calisto — memoria antigua
Si el sistema solar fuera una novela estas lunas serían
capítulos enteros, no simples notas al pie. Y lo más hermoso: apenas estamos
empezando a conocerlas.