Hay instrumentos musicales que
llegan haciendo mucho ruido. La batería, por ejemplo. Apenas la golpean y ya
sabe uno que ahí está.
La trompeta tampoco es tímida. En
cuanto se aclara la garganta, ya se enteró toda la colonia.
El salterio, en cambio, es educado. No entra. Se asoma. Y cuando por fin uno se da cuenta de que está sonando, ya lo conquistó.
