Hay objetos que no se compran: se
padecen. El álbum Panini del Mundial es uno de ellos. Porque nadie adquiere
simplemente un álbum. Uno compra, sin saberlo, una mezcla de ilusión, ansiedad,
esperanza matemática y una leve dependencia emocional.
Todo comenzó en Italia, en 1961,
cuando los hermanos Panini —Giuseppe, Benito, Franco y Umberto— descubrieron
una verdad profundamente humana: al ser humano le gusta completar cosas.
No sólo listas. No sólo rompecabezas. No: colecciones incompletas.
