Europa, siempre tan digna, tan amante de los derechos humanos… hasta que se trata de aplaudir genocidios convertidos en “operaciones inmobiliarias”. Porque claro, nada dice “progreso” como inaugurar un resort sobre las ruinas de Gaza.
Europa, siempre tan digna, tan amante de los derechos humanos… hasta que se trata de aplaudir genocidios convertidos en “operaciones inmobiliarias”. Porque claro, nada dice “progreso” como inaugurar un resort sobre las ruinas de Gaza.
1. El balcón material: la posición social
No todos observamos el mismo paisaje porque no todos vivimos
en el mismo piso del edificio social.
Hay letras que viven tranquilas
dentro de un idioma durante siglos. Y hay otras que nacen, reinan… y
desaparecen.
La Ç—la cedilla—
pertenece a esta segunda categoría: una letra que nació en el castellano,
viajó por Europa, conquistó otros idiomas… y terminó expulsada de su propia
casa.
Su historia es casi humana: nacimiento, gloria, exilio y supervivencia en tierras lejanas.
(Refranero español)
Historia de un burro, un ingenuo y una verdad eterna
Hay dichos que nacen del ingenio.
Otros, del dolor.
Y algunos —los mejores— nacen de una sonrisa mezclada con compasión humana. Este
pertenece a estos últimos.
Dicen —aunque nadie se atreve a jurarlo— que el protagonista fue un hombre llamado el tío Cándido, vecino quizá de la antigua ciudad de Carmona, allá donde el sol andaluz cae despacio sobre los olivares y las historias se cuentan más que se escriben.
El idioma no sólo sirve para
hablar: sirve para recordar.
Cada vez que decimos un refrán, repetimos sin saberlo fragmentos de guerras medievales, supersticiones religiosas, engaños de taberna, filósofos romanos o simples bromas populares que sobrevivieron siglos. Los modismos son fósiles vivos del pensamiento humano: pequeñas historias comprimidas que siguen respirando en nuestra conversación cotidiana.
(Buss Mitchell Hellen, Raíces de sabiduría)
Una reflexión breve sobre
justicia y sociedad
“¿Acaso soy yo el guardián de
mi hermano?” — Génesis 4:9
Vivimos en una época que nos enseña algo desde pequeños: cada persona es responsable de sí misma. Si triunfas, es por tu esfuerzo; si fracasas, debes buscar la explicación dentro de ti. El éxito parece mérito personal y la dificultad, un problema individual.
Disciplina, poder y la
silenciosa fabricación de la obediencia
Un día en preescolar la maestra
dio una instrucción aparentemente sencilla:
—Pueden traer arcilla o hilo y
aguja para coser.
Al día siguiente ocurrió algo
predecible. Los niños llevaron arcilla. Las niñas llevaron aguja e hilo. Bueno…
casi todos.
Un niño llegó con aguja.
Las risas comenzaron rápido. Un compañero lo señaló, llamó a otros, y en pocos segundos el salón entero parecía haber decidido que algo estaba mal. La maestra intervino y, restablecido el orden, explicó con naturalidad:
Europa, siempre tan digna, tan amante de los derechos humanos… hasta que se trata de aplaudir genocidios convertidos en “operaciones inmob...