Hubo un momento decisivo en mi vida lectora. Cursaba la
preparatoria cuando un profesor de español —de esos que no solo enseñan
gramática sino inquietudes— me sugirió leer Demian. No lo impuso como
tarea; lo recomendó como quien comparte un secreto.
Lo leí sin saber que estaba abriendo una puerta.
A partir de esa novela me nació la curiosidad por explorar
casi toda la obra de Hesse. Me sumergí en sus búsquedas espirituales, sus
crisis interiores y sus personajes que parecen caminar siempre al borde de sí
mismos. Pero si tuviera que quedarme con tres libros que realmente me marcaron,
serían:
- Demian
- Narciso
y Goldmundo
- Bajo
la rueda
Cada uno, a su manera, habla del crecimiento, del conflicto
entre lo que somos y lo que esperan que seamos.
Demian: el despertar interior
Es la historia de Emil Sinclair, un joven que vive dividido
entre el “mundo luminoso” de la moral establecida y un mundo más oscuro,
ambiguo y fascinante. La figura de Demian aparece como guía, casi como
conciencia alternativa, que lo empuja a cuestionarlo todo.
Más que una novela, es un proceso de iniciación. Habla de
identidad, de romper moldes, de atreverse a pensar distinto. No es escandalosa;
es inquietante. Y para un adolescente que empieza a preguntarse quién es, puede
sentirse como una conversación íntima.
Narciso y Goldmundo: razón y pasión
Aquí Hesse plantea un contraste poderoso.
La novela sigue el camino de Goldmundo a través del amor, el
arte, la pérdida y el descubrimiento. Es una reflexión sobre las dos fuerzas
que habitan en todo ser humano: la mente y el corazón.
Es quizá la más narrativa de las tres, la más rica en
episodios y paisajes, y también una de las más profundas.
Bajo la rueda: el peso de las expectativas
Esta novela es más breve y más directa, pero también más
dolorosa.
Cuenta la historia de Hans Giebenrath, un joven brillante
que es empujado por su entorno académico a convertirse en ejemplo de éxito. Sin
embargo, el sistema que lo exalta termina por aplastarlo.
Es una crítica dura al modelo educativo rígido y a la
presión que se ejerce sobre los jóvenes talentosos. Aquí Hesse habla, con
claridad casi autobiográfica, del peligro de reducir la vida a rendimiento y
disciplina.
Lo que une a estos tres libros
Quizá por eso me marcaron tanto en aquella etapa. Porque la
preparatoria es precisamente el tiempo en que uno empieza a sospechar que la
vida no viene con respuestas dadas.
Y tal vez por eso sigo regresando a Hesse: no porque tenga
soluciones, sino porque sabe formular las preguntas correctas.


