Europa, siempre tan digna, tan amante de los derechos humanos… hasta que se trata de aplaudir genocidios convertidos en “operaciones inmobiliarias”. Porque claro, nada dice “progreso” como inaugurar un resort sobre las ruinas de Gaza.
Bombardear Líbano, Yemen, Nigeria, Siria… puro turismo
bélico. Amenazar a Colombia, México, Groenlandia e imponer la democracia a Cuba por hambre: porque si vas a ser imperio,
hazlo con exotismo, que quede pintoresco en el comunicado.
¿Secuestrar presidentes y robar petróleo? Eso se llama
“misión de estabilización”. ¿Asesinar a 140 niñas en un colegio iraní?
“Operación humanitaria”. Y Europa, con su mejor traje, sigue defendiendo a
estos “guardianes de la democracia”, aunque su democracia consista en arrasar
escuelas y luego dar conferencias sobre igualdad de género.
Lo de Venezuela, Iraq, Libia… siempre fue por la libertad,
claro. Libertad de saquear, libertad de devastar. Siria tiene un presidente
terrorista fundamentalista islámico, pero como es amigo de Occidente, se
convierte mágicamente en “aliado estratégico”.
Europa se coloca obedientemente detrás de Estados Unidos e
Israel, como si normalizar el asesinato del rival fuera la nueva política
exterior. Gaza fue el ensayo, Venezuela el segundo acto, Irán la función
principal. Y el público aplaude, porque el derecho internacional ya es un
teatro vacío: si eres fuerte, rompes las reglas; si eres débil, te callas.
Así que sí, que cada cual se las arregle en su barrio,
porque las normas hoy sirven lo mismo que un paraguas agujerado ante un huracán.
Y mientras tanto, nos venden la farsa de que bombardear escuelas es liberar
pueblos.
Lo mordaz es que todavía hay quien se sorprende. Como si no
fuera evidente que todo esto va de petróleo, de cortar suministros a China y de
disfrazar saqueos con discursos heroicos. Pero claro, aislar a Estados Unidos e
Israel suena radical… hasta que recuerdas que lo radical es bombardear niñas y
llamarlo “democracia”.
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