miércoles, 18 de febrero de 2026

EL LATÍN: EL ARTE ELEGANTE DE DECIR LO INDECIBLE

 



Hay cosas que pueden decirse en latín que, en español, resultarían demasiado crudas, imprudentes o simplemente incómodas. El latín funciona como un idioma entrecomillado: suaviza, matiza, amortigua.

Así como alguien aclara que habla “entre comillas” cuando ha exagerado, el latín permite decir lo mismo con una capa de elegancia que desactiva la agresividad del mensaje.

No es lo mismo afirmar que alguien es “raro” que decir que actúa sui generis. Tampoco suena igual decir que “el poder lo tiene Zutano” que afirmar que, de facto, la autoridad recae sobre él. Si nos equivocamos, el desliz parece menor.

Podríamos decir que el latín es diplomacia verbal. Ante la duda… mejor recurrir al latín: duele menos.


Cuando las palabras cambian de sentido

Muchas expresiones latinas han sobrevivido transformadas en nuestra lengua cotidiana.

Adefesio

Curiosamente, la palabra podría tener origen litúrgico. Se llamaba “adefesios” a quienes llegaban tarde a misa —Ad Ephesios—, es decir, cuando ya se leía la epístola. Aquellos tardíos, apresurados y poco arreglados, acabaron dando nombre a algo ridículo o extravagante.

Hoy un adefesio no es un impuntual: es algo desastrado, feo o grotesco.


Moral y cortesía en latín

De mortuis nil nisi bonum

“De los muertos nada ha de decirse, salvo lo bueno.”

Un principio de urbanidad social que nos obliga a elogiar incluso al difunto menos ejemplar.

Sit tibi terra levis

“Que la tierra te sea leve.”

Un epitafio de conmovedora belleza poética.

Requiescat in pace (R.I.P.)

“Descanse en paz.”

Último deseo para quien ya no puede oírlo; consuelo para quienes quedan.


El latín y la tradición cristiana

Muchas locuciones nacen del Evangelio y la liturgia.

Ecce homo

“He aquí el hombre.”

Las palabras de Poncio Pilato al presentar a Cristo azotado. De ahí que “estar hecho un ecce homo” signifique estar maltrecho.

“En un santiamén”

Procede de la fórmula “In nomine Patris… Amen”. La rapidez con que algunos pronunciaban la oración terminó marcando la velocidad del tiempo cotidiano.

“Para más INRI”

Siglas de Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum. Lo que empezó como burla en la cruz terminó siendo expresión para indicar que algo empeora aún más una situación.


Salamanca y los límites del talento

Prima non datur et ultima dispensatur

“La primera clase no se da y la última se dispensa.”

Lema asociado a la Universidad de Salamanca en su época dorada.

Quod natura non dat, Salamanca non præstat

“Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta.”

Una sentencia brutalmente honesta: hay talentos que no se adquieren.


Filosofía del esfuerzo y del error

Per aspera ad astra

“Por caminos escarpados hasta las estrellas.”

Nada valioso se obtiene sin esfuerzo.

Quandoque bonus dormitat Homerus

“De vez en cuando incluso el buen Homero se duerme.”

Los genios también se equivocan.

Errare humanum est, sed perseverare diabolicum

Errar es humano; persistir en el error, diabólico.


El arte de no hacerse responsable

Relata refero

“Te lo cuento como lo cuentan.”

Excusa perfecta del mensajero: no soy responsable, solo transmito.


La nostalgia y la fugacidad

Ubi sunt?

“¿Dónde están?”

Una serie de preguntas retóricas que evocan la desaparición de las grandezas pasadas:
¿Dónde están las murallas de Cartago? ¿Dónde su flota? ¿Dónde su gloria?

El latín aquí no suaviza: hiere con elegancia.

Omnes vulnerant, ultima necat

“Todas hieren, la última mata.”

Inscripción frecuente en relojes de sol: cada hora es una herida; la última, la muerte.


El latín como refugio

En tiempos de inmediatez y palabras descarnadas, el latín nos recuerda algo importante: el lenguaje no solo comunica, también protege, insinúa y embellece.

No siempre usamos el latín para parecer cultos; a veces lo usamos para no parecer crueles.

Porque, en el fondo, el latín es una forma elegante de decir aquello que no nos atrevemos a pronunciar desnudo.

 

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