Hay cosas que pueden decirse en
latín que, en español, resultarían demasiado crudas, imprudentes o simplemente
incómodas. El latín funciona como un idioma entrecomillado: suaviza, matiza,
amortigua.
Así como alguien aclara que habla “entre comillas” cuando ha exagerado, el latín permite decir lo mismo con una capa de elegancia que desactiva la agresividad del mensaje.
No es lo mismo afirmar que
alguien es “raro” que decir que actúa sui generis. Tampoco suena igual
decir que “el poder lo tiene Zutano” que afirmar que, de facto, la
autoridad recae sobre él. Si nos equivocamos, el desliz parece menor.
Podríamos decir que el latín es
diplomacia verbal. Ante la duda… mejor recurrir al latín: duele menos.
Cuando las palabras cambian de
sentido
Muchas expresiones latinas han
sobrevivido transformadas en nuestra lengua cotidiana.
Adefesio
Curiosamente, la palabra podría
tener origen litúrgico. Se llamaba “adefesios” a quienes llegaban tarde a misa
—Ad Ephesios—, es decir, cuando ya se leía la epístola. Aquellos
tardíos, apresurados y poco arreglados, acabaron dando nombre a algo ridículo o
extravagante.
Hoy un adefesio no es un
impuntual: es algo desastrado, feo o grotesco.
Moral y cortesía en latín
De mortuis nil nisi bonum
“De los muertos nada ha de
decirse, salvo lo bueno.”
Un principio de urbanidad social
que nos obliga a elogiar incluso al difunto menos ejemplar.
Sit tibi terra levis
“Que la tierra te sea leve.”
Un epitafio de conmovedora
belleza poética.
Requiescat in pace
(R.I.P.)
“Descanse en paz.”
Último deseo para quien ya no
puede oírlo; consuelo para quienes quedan.
El latín y la tradición
cristiana
Muchas locuciones nacen del
Evangelio y la liturgia.
Ecce homo
“He aquí el hombre.”
Las palabras de Poncio Pilato al
presentar a Cristo azotado. De ahí que “estar hecho un ecce homo” signifique
estar maltrecho.
“En un santiamén”
Procede de la fórmula “In nomine
Patris… Amen”. La rapidez con que algunos pronunciaban la oración terminó
marcando la velocidad del tiempo cotidiano.
“Para más INRI”
Siglas de Iesus Nazarenus Rex
Iudaeorum. Lo que empezó como burla en la cruz terminó siendo expresión
para indicar que algo empeora aún más una situación.
Salamanca y los límites del
talento
Prima non datur et ultima dispensatur
“La primera clase no se da y la
última se dispensa.”
Lema asociado a la Universidad de
Salamanca en su época dorada.
Quod natura non dat, Salamanca non præstat
“Lo que la naturaleza no da,
Salamanca no lo presta.”
Una sentencia brutalmente
honesta: hay talentos que no se adquieren.
Filosofía del esfuerzo y del
error
Per aspera ad astra
“Por caminos escarpados hasta las
estrellas.”
Nada valioso se obtiene sin
esfuerzo.
Quandoque bonus dormitat
Homerus
“De vez en cuando incluso el buen
Homero se duerme.”
Los genios también se equivocan.
Errare humanum est, sed
perseverare diabolicum
Errar es humano; persistir en el
error, diabólico.
El arte de no hacerse
responsable
Relata refero
“Te lo cuento como lo cuentan.”
Excusa perfecta del mensajero: no
soy responsable, solo transmito.
La nostalgia y la fugacidad
Ubi sunt?
“¿Dónde están?”
Una serie de preguntas retóricas
que evocan la desaparición de las grandezas pasadas:
¿Dónde están las murallas de Cartago? ¿Dónde su flota? ¿Dónde su gloria?
El latín aquí no suaviza: hiere
con elegancia.
Omnes vulnerant, ultima
necat
“Todas hieren, la última mata.”
Inscripción frecuente en relojes
de sol: cada hora es una herida; la última, la muerte.
El latín como refugio
En tiempos de inmediatez y
palabras descarnadas, el latín nos recuerda algo importante: el lenguaje no
solo comunica, también protege, insinúa y embellece.
No siempre usamos el latín para
parecer cultos; a veces lo usamos para no parecer crueles.
Porque, en el fondo, el latín es
una forma elegante de decir aquello que no nos atrevemos a pronunciar desnudo.
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