Huellas divinas en el español
cotidiano
Muy lejos quedó el tiempo en que los dioses griegos y romanos eran creídos como realidades vivas. Lo que fue religión es hoy mitología. Sin embargo, su presencia no desapareció: cambió de templo. Hoy habitan en nuestro lenguaje.
Cada vez que pronunciamos ciertas
palabras, evocamos —sin saberlo— historias antiguas, pasiones trágicas, guerras
legendarias y dioses caprichosos. El español semiculto conserva, como una
cápsula del tiempo, ecos del Olimpo.
Veamos algunas de las más vivas.
Vulcano y los volcanes
Cuando llevamos el coche a una vulcanizadora, no pensamos en dioses. Pero el nombre proviene de Vulcano, dios romano del fuego y de la forja.
De él derivan también volcán
y volcánico. El fuego subterráneo que modela la tierra fue imaginado
como obra divina. Así, cada erupción era, simbólicamente, el martillazo del
dios herrero.
Venus, venerar y lo venéreo
La bella Venus (Afrodita entre los griegos) dejó una descendencia lingüística sorprendente.
De ella proceden:
- Venéreo (relacionado con el amor carnal)
- Venerar (amar profundamente, casi con
devoción)
- Incluso el nombre del viernes (dies Veneris,
día dedicado a Venus)
Curiosamente, veneno
compartió en su origen la idea de “poción amorosa”. Lo que hoy mata, alguna vez
quiso seducir.
Marte y lo marcial
El dios de la guerra, Marte,
vive en:
- Marcial (relativo a la guerra)
- Artes marciales
- El día martes (dies Martis)
La antigua superstición “en
martes ni te cases ni te embarques” refleja el carácter conflictivo del dios:
bajo su tutela, nada prometía calma.
Panteón: todos los dioses… y
luego los muertos
Panteón viene del griego pan (todo) y theos (dios): “templo de todos los dioses”.
En la antigua Roma, el Panteón de
Roma fue dedicado a todas las divinidades.
En México —con fina ironía
popular— la palabra pasó a designar el cementerio. El templo de todos los
dioses terminó nombrando el lugar de todos los muertos.
Museo, música y mosaico: el
legado de las Musas
Las nueve Musas presidían las
artes y las ciencias. De ellas derivan:
- Museo (casa dedicada a las musas)
- Música
- Mosaico (obra artística inspirada en el
arte)
Cada vez que escuchamos música o
visitamos un museo, invocamos sin saberlo a aquellas divinidades inspiradoras.
Hercúleo Si alguien
realiza un esfuerzo “hercúleo”, evocamos a Hércules, el héroe de los
doce trabajos.
La palabra conserva la idea de
fuerza extraordinaria, de resistencia sobrehumana.
Fénix
El Fénix renacía de sus
propias cenizas.
Por eso decimos que alguien “es
como el ave fénix” cuando, tras una caída devastadora, resurge con más fuerza.
Es quizá una de las metáforas mitológicas más poderosas que aún usamos.
Narciso y el narcisismo
El mito de Narciso,
enamorado de su propia imagen, dio origen a:
- Narcisista
- Narcisismo
Hoy incluso forma parte del
lenguaje psicológico: el Trastorno Narcisista de la Personalidad conserva, en
clave clínica, la antigua advertencia del mito.
Maratónico
La palabra procede de la batalla
de Maratón y del legendario mensajero Filípides, quien habría corrido
hasta Atenas para anunciar la victoria.
Hoy llamamos “maratónico” a todo
esfuerzo prolongado y agotador.
Morfeo y la morfina
“Quedarse en los brazos de
Morfeo” alude al dios del sueño, Morfeo.
De él deriva morfina,
sustancia que provoca somnolencia y alivio. El mito se transformó en
farmacología.
Conclusión: el idioma como
panteón invisible
Si algo me maravilla es esto: los
dioses ya no gobiernan el rayo ni la guerra… pero siguen gobernando nuestras
palabras. El español semiculto es un panteón invisible. Cada término es una
estatua discreta. Cada expresión, una ruina sagrada que aún respira.
El lenguaje es la mitología que
sobrevivió.
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