sábado, 7 de febrero de 2026

MIKAEL EL RENEGADO

 



El renegado es una novela más oscura, más áspera y profundamente existencial que su predecesora. Si El aventurero Mikael Karvajalka era el relato de la juventud, del impulso y de la búsqueda, esta segunda parte es la historia de la desilusión, de la caída definitiva de las certezas y del largo aprendizaje que nace del dolor. Aquí ya no encontramos a un joven curioso, sino a un hombre marcado por lo que ha visto y perdido.

Tras ser testigo del saqueo de Roma, Mikael huye no solo de una ciudad en ruinas, sino de una Europa que le ha fallado. Las instituciones que prometían orden y sentido —la fe, el poder, la cultura— se le han revelado como frágiles, hipócritas o crueles. Desencantado y cansado de traiciones, Mikael se aleja del mundo cristiano y se interna en el ámbito del Imperio Otomano, cruzando una frontera que no es solo geográfica, sino espiritual y moral.

En tierras musulmanas, Mikael adopta una nueva identidad y se convierte en un “renegado”: un hombre que ha cambiado de fe y de lealtad, pero que en el fondo sigue siendo extranjero en todas partes. Esta transformación no es fruto del fanatismo ni de una conversión mística, sino de la necesidad de sobrevivir y de encontrar un lugar donde el orden parezca más coherente que el caos europeo que dejó atrás. Sin embargo, pronto descubre que ningún sistema está libre de violencia, intriga o injusticia.

La novela avanza como una lenta y dolorosa introspección. Mikael observa con lucidez el funcionamiento del poder otomano, la disciplina férrea del ejército, la grandeza y el esplendor de Constantinopla, pero también la crueldad de la guerra, la fragilidad de la vida humana y la facilidad con la que el hombre justifica la barbarie en nombre de Dios o del Estado. Mikael ya no se ilusiona: analiza, compara, recuerda. Vive con la amarga sabiduría de quien sabe que el mundo siempre exige un precio.

A lo largo de El renegado, Mikael asciende socialmente, participa en campañas militares y se mueve en los márgenes del poder, pero su éxito exterior contrasta con un vacío interior cada vez más profundo. Ha ganado seguridad y estatus, pero ha perdido algo esencial: la capacidad de creer. El amor, cuando aparece, es frágil y transitorio; la amistad, escasa; la lealtad, siempre condicionada. Mikael entiende que la libertad absoluta es una ilusión y que toda pertenencia implica renuncia.

El tono de la novela es sombrío, casi crepuscular. Waltari no idealiza ni condena de forma simplista: muestra tanto la decadencia del mundo cristiano como las luces y sombras del Islam otomano. A través de Mikael, el lector asiste a un choque de civilizaciones sin vencedores morales, donde todas las culturas comparten las mismas debilidades humanas: ambición, miedo, deseo de poder y necesidad de justificar la violencia.

Hacia el final, El renegado se convierte en una meditación sobre la identidad. Mikael comprende que ya no pertenece a ningún lugar ni a ninguna fe, y que su verdadera patria es la memoria. Ha renegado de todo, incluso de sí mismo, y en esa renuncia encuentra una forma amarga de lucidez. No hay redención plena ni final luminoso, solo aceptación: la del hombre que ha visto demasiado y que ya no espera salvación.

Con esta segunda parte, Mika Waltari cierra la historia de Mikael Karvajalka con una profundidad filosófica notable. El renegado no es solo una novela histórica, sino una reflexión sobre la fe, la identidad, el exilio interior y la soledad del ser humano frente a un mundo que nunca cumple sus promesas. Un final duro, honesto y profundamente humano, que deja al lector con una sensación de silencio interior… como después de una verdad que duele, pero que no se puede ignorar.

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