miércoles, 25 de febrero de 2026

VAL’QUIRICO: LA MAGIA FABRICADA — EL FUTURO DEL TURISMO MEXICANO. CUANDO LA HISTORIA YA NO ES NECESARIA

 



En Tlaxcala existe un lugar que resume como pocos las transformaciones del turismo contemporáneo en México: Val’Quirico.

No es un pueblo antiguo. No nació alrededor de una iglesia colonial ni de una plaza virreinal. No guarda leyendas centenarias ni tradiciones heredadas por generaciones. Y, sin embargo, atrae miles de visitantes cada fin de semana. Val’Quirico representa algo nuevo: la magia diseñada.

 

UN PUEBLO QUE NACIÓ TERMINADO

A diferencia de los Pueblos Mágicos tradicionales, que evolucionaron lentamente a través del tiempo, Val’Quirico fue concebido desde el inicio como experiencia turística. Inspirado en la arquitectura rural italiana —calles empedradas, balcones floridos, arcos de piedra y plazas íntimas— el lugar fue planeado como un espacio donde cada ángulo funciona visualmente.

Aquí no hay crecimiento espontáneo: todo responde a una idea estética previa. Es, en cierto sentido, un pueblo que nació sin pasado, pero con una narrativa ya construida.

 

LA ESTÉTICA COMO NUEVA AUTENTICIDAD

El éxito de Val’Quirico revela un cambio profundo en la forma de viajar.

Durante décadas, el turismo cultural buscaba autenticidad histórica: lugares donde el visitante pudiera sentir el peso del tiempo. Hoy, en cambio, muchos viajeros buscan algo distinto:

ª       espacios agradables,

ª       seguridad,

ª       orden urbano,

ª       experiencias fotogénicas,

ª       atmósferas emocionales inmediatas.

La autenticidad ya no siempre depende de la historia, sino de la sensación. Val’Quirico funciona porque entiende esta lógica contemporánea: ofrece una experiencia coherente, controlada y visualmente seductora.

 

¿SIMULACIÓN O EVOLUCIÓN DEL TURISMO?

Las críticas no han faltado. Algunos consideran que el lugar representa una especie de escenografía permanente, un “Europa temático” construido en territorio mexicano. Una gran plaza comercial temática.

Pero quizá la pregunta correcta no sea si es falso, sino por qué resulta tan atractivo. Su popularidad evidencia una paradoja:

Mientras muchos pueblos históricos luchan por mantener infraestructura, seguridad o servicios turísticos consistentes, Val’Quirico ofrece desde el inicio aquello que el visitante moderno espera. No compite con la historia; compite con la experiencia.

 

EL ESPEJO INCÓMODO PARA LOS PUEBLOS MÁGICOS

La existencia de Val’Quirico plantea un desafío silencioso al programa Pueblos Mágicos. Si un desarrollo reciente puede generar mayor interés turístico que localidades con siglos de patrimonio real, entonces el atractivo ya no depende únicamente del pasado, sino de la gestión del presente.

El visitante promedio no siempre distingue entre patrimonio histórico y diseño urbano exitoso; responde a lo que vive, no a lo que figura en los archivos. Así, la “magia” deja de ser herencia cultural para convertirse en producto experiencial.

 

EL FUTURO: DESTINOS DISEÑADOS

Val’Quirico podría anticipar una tendencia: el surgimiento de destinos creados deliberadamente para el turismo, donde arquitectura, gastronomía y entretenimiento se integran desde el inicio como proyecto económico.

Esto abre preguntas importantes:

ª       ¿Puede diseñarse la identidad?

ª       ¿La emoción turística necesita raíces históricas?

ª       ¿Estamos entrando en la era de los pueblos conceptuales?

Quizá el turismo del siglo XXI combine ambos modelos: lugares auténticos que preservan memoria y espacios nuevos que producen experiencias cuidadosamente construidas.

 

CONCLUSIÓN: LA MAGIA ENTRE LO REAL Y LO IMAGINADO

Val’Quirico no es un Pueblo Mágico, pero obliga a replantear qué entendemos por magia turística. Porque tal vez la magia nunca estuvo únicamente en las piedras antiguas, sino en la capacidad humana de crear lugares donde las personas desean quedarse, caminar sin prisa y sentir —aunque sea por unas horas— que han salido de la rutina cotidiana.

La diferencia es que antes la magia tardaba siglos en formarse. Hoy, puede diseñarse en una mesa de arquitectos.

 

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