jueves, 29 de enero de 2026

SECUESTRO EXPRÉS, HIJO INEXISTENTE Y UN TOÑITO MUY INOPORTUNO


 

Esta es la primera anécdota de mi respetable —aunque poco edificante— colección de cuentos cortos. Y como toda colección que se precie, empieza con una historia absolutamente real… o casi, que para el caso da lo mismo.

Aquella tarde el calor era de esos que no solo sudan la piel, sino también la paciencia. Las cortinas estaban a medio abrir, el ventilador giraba con un zumbido asmático y yo intentaba convencerme de que la vida, pese a todo, no iba tan mal. Entonces sonó el teléfono.

Grave error atenderlo.

—¡Papá, papá! —sollozaba una voz joven, quebrada por el pánico—. ¡Me acaban de subir a una camioneta!

Sentí cómo el alma se me fue directo a los talones, sin escalas. Tragué saliva, se me secó la boca y pregunté con voz que no era mía:

—¿Eres tú, Toño?

—Sí, papá… soy Toño —respondió entre llantos—. Te paso al señor…

Ahí apareció el verdadero protagonista: una voz áspera, dura como grava.

—Si quieres volver a ver a tu Toñito, deposita doscientos mil pesos. Si no… te lo entregamos muerto.

El corazón me galopaba como caballo desbocado, pero logré articular algo parecido a la sensatez:

—Señor, por el amor de Dios, no tengo esa cantidad. Con muchísimo esfuerzo… cincuenta mil. ¡Y ya es mucho!

—¡Ese es tu problema, pendejo! —rugió—. Tienes tres días. Y ni se te ocurra llamar a la policía.

Y fue justo ahí, con la adrenalina al tope y el diablillo del sarcasmo subiéndose al hombro, cuando se me ocurrió mejorar la oferta.

—Le propongo algo mejor —dije—: quinientos mil pesos. Nomás déjeme vender mi casita. Pero con una condición.

Hubo un silencio desconfiado.

—¿Condición? —bufó—. ¡Hable rápido!

—Mande al otro barrio al pinche Toñito… porque ya me tiene hasta la madre.

El silencio que siguió fue espeso, incómodo, casi poético.

Y entonces, la explosión:

—¡Vete a la verga, hijo de la chingada!

Tu… tu… tu… tu…
La bocina anunció que el señor había colgado, probablemente indignado y con la estafa arruinada.

¿Lo mejor de todo?

Yo no tengo hijos.

Epílogo:
Desde entonces, cuando suena el teléfono y no reconozco el número, siempre pienso lo mismo:
Si es otro Toñito… que mande WhatsApp

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¿HAY GUERRAS JUSTAS O NECESARIAS?

  A lo largo de la historia, pocas frases han sido tan eficaces para justificar la destrucción como esta: “Era una guerra necesaria.” Es u...