sábado, 7 de febrero de 2026

CORAZÓN, DIARIO DE UN NIÑO

 



Cuando cursaba la secundaria, el profesor de español —enemigo natural del ocio adolescente— nos encargó una misión de alto riesgo: comprar un libro de literatura juvenil, leerlo completo (sí, completo) y después intercambiarlo con algún compañero. Mi hermano, solidario y bien intencionado, me consiguió La vuelta al mundo en 80 días. Yo, iluso lector primerizo, imaginé que aquello consistía en caballos al galope, mapas antiguos y aventureros con sombrero. Ochenta días me parecían una eternidad… hoy sé que no es nada, pero en aquel entonces era casi una condena perpetua.

Llegó el día del intercambio y ocurrió la tragedia. Entre todos los libros disponibles apareció uno que nadie quería ni ver de lejos: Corazón, diario de un niño. El título sonaba tan poco prometedor que parecía advertir: “No me leas bajo ninguna circunstancia”. Sin escapatoria posible y con el corazón —literalmente— apachurrado, tuve que entregar mi libro de aventuras y aceptar aquel diario sospechoso.

Lo que no sabía entonces era que la suerte, que a veces se disfraza de injusticia escolar, me tenía preparada una sorpresa. Ese libro, rechazado por todos, terminó por convertirse en una de las lecturas que más he recomendado a mis estudiantes hasta el día de hoy. Porque a veces, los libros que menos prometen son los que más se quedan con nosotros

Corazón, diario de un niño, de Edmundo Amicis, es uno de esos libros que llegan con perfil bajo y se quedan a vivir en la memoria. No promete hazañas extraordinarias ni héroes invencibles; promete algo mucho más raro: humanidad. Y cumple.

La obra adopta la forma del diario de Enrico Bottini, un niño italiano que, a lo largo de un ciclo escolar, va dejando constancia de lo que ve, lo que siente y lo que empieza —sin darse cuenta— a comprender. El aula es el escenario principal, pero no como simple salón de clases, sino como un pequeño universo donde conviven virtudes y defectos, risas y silencios, rivalidades y afectos profundos. Cada compañero representa una historia distinta, una forma de estar en el mundo, una lección que no siempre se aprende con palabras.

El lector pronto descubre que Corazón no trata solo de niños, sino de lo que significa crecer. Los maestros no aparecen como figuras autoritarias sin alma, sino como guías firmes que creen en la educación como acto moral. Los padres, a través de cartas y consejos, muestran una ternura exigente, esa que educa sin consentir en exceso y que busca formar personas antes que obedientes. Y entre estas páginas se cuelan emociones universales: la vergüenza tras un error, el orgullo silencioso ante un esfuerzo, la tristeza por una pérdida, la alegría sencilla de sentirse aceptado.

Uno de los grandes encantos del libro son los relatos mensuales que interrumpen el diario: pequeñas historias dentro de la historia, protagonizadas por niños de distintas regiones de Italia. En ellas se exaltan valores como el sacrificio, la lealtad, la gratitud y la compasión, sin caer en sermones pesados. Son cuentos que conmueven porque muestran que la grandeza también cabe en gestos pequeños y que el heroísmo, a veces, consiste simplemente en hacer lo correcto cuando nadie está mirando.

Leer Corazón hoy provoca una sensación curiosa: nostalgia por una infancia que quizá no fue exactamente así, pero que reconocemos como posible y deseable. Es un libro que invita a detenerse, a recordar quiénes fuimos en la escuela, a pensar en ese compañero olvidado, en aquel maestro que dejó huella, en la primera vez que entendimos que los demás también sienten como nosotros.

Quien se acerque a estas páginas no encontrará una lectura ruidosa ni vertiginosa, pero sí una experiencia profundamente emotiva. Corazón no busca impresionar; busca tocar. Y lo logra con una honestidad tan sencilla que, al cerrar el libro, queda la sospecha de que no solo hemos leído la historia de Enrico, sino también un fragmento de la nuestra. Por eso, más que un libro infantil, es una lectura que espera pacientemente a que el lector tenga la edad suficiente para entenderla de verdad.




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1 comentario:

  1. Ese librito está polvoriento en la biblioteca de mi papá, siempre me decía que lo leyera, pero me lo imaginaba como consejo de catequistas. Lo leeré a ver qué tal, después, cuando termine te comento.

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