martes, 17 de febrero de 2026

DE ESPAÑA A AMÉRICA: LA VOZ ENTRAÑABLE DE ROCÍO DÚRCAL

 



Hay artistas que se escuchan… y hay artistas que se sienten. 
Rocío Dúrcal pertenece a esa segunda estirpe: la de las voces que no sólo cantan, sino que acompañan la vida. Y cuando uno pronuncia su nombre, lo hace —como dirían los lusitanos— com muita saudade

Siendo apenas una adolescente, apareció en la pantalla grande irradiando una candidez casi celestial. En aquellas películas juveniles de los años sesenta su sonrisa parecía recién estrenada, y su voz, aún joven, ya tenía esa claridad cristalina que luego sería su sello. De ahí nacieron canciones que todavía huelen a primer amor y a cine de barrio: AcompáñameMás bonita que ningunaQuisiera ser un ángelVolverte a verLos piropos de mi barrioTréboleLos dosAmor en el aireCartel de publicidad

Cada una era un suspiro, una postal sonora de una España que soñaba en technicolor. Rocío no actuaba: iluminaba. 

Y entonces llegó el giro inesperado. En Marianela, basada en la obra de Benito Pérez Galdós, sorprendió a todos. Aquella muchacha risueña se transformó en una protagonista intensa, frágil y profundamente humana. Su interpretación fue brillante, madura, reveladora. Rocío demostró que su talento no era efímero ni circunstancial: tenía raíces hondas. 

A principios de los años setenta, la vida le regaló otra melodía: el amor. Se casó con Antonio Morales, el inolvidable Junior, y juntos formaron un dúo sentimental que el público abrazó con ternura. En esa etapa retomó la balada con un aire elegante, interpretando adaptaciones como SolaUna vez másEn un lugar, melodías que confirmaban la evolución de aquella voz juvenil hacia una intérprete plena, capaz de acariciar cada palabra. 

Y entonces ocurrió algo casi mágico: Juan Gabriel redescubrió en ella esa voz luminosa y cristalina. Supo que allí había un universo por explorar. Le propuso grabar, y de esa unión nacieron himnos que cruzaron fronteras: TardeJamás me cansaré de tiFue un placer conocerteNo lastimes más

El éxito fue redondo, rotundo, continental. Iberoamérica la adoptó como propia. México la hizo suya. Estados Unidos la escuchó en español y la comprendió sin traducción. Lo demás —como bien dices— ya lo conocemos: discos de oro, escenarios llenos, lágrimas en primera fila. 

Pero Rocío no fue sólo la musa de Juan Gabriel. Su voz era casa abierta para los grandes compositores. Con Rafael Pérez Botija dejó huellas imborrables: Jamás te dejaréLa gata bajo la lluviaTu foto en la paredBailemos una vez másPerdón no, gracias. Canciones que sonaban en la radio mientras alguien recordaba un amor imposible bajo la lluvia de verdad. 

Con Marco Antonio Solís —el eterno Buki— grabó Como tu mujerExtrañándoteYa te olvidéSe me fue olvidando, piezas donde el desamor se vuelve dignidad y la tristeza se canta con entereza. 

Con Joan Sebastian interpretó Que ya no estásDesairesMi credo, impregnando de sentimiento ranchero su acento español, en una fusión que sólo ella podía lograr. 

Y cómo olvidar aquella joya compuesta por Roberto Livi: Cómo han pasado los años. Canción que hoy parece escrita para nosotros, que miramos hacia atrás y descubrimos que su voz fue la banda sonora de nuestras propias memorias. 

Rocío grabó sin descanso: baladas, canción vernácula mexicana, coplas españolas, tangos clásicos como Caminito o A media luz. Su repertorio fue un puente entre continentes, un abrazo musical entre España y América. 

Fue, sin exageración, una de las voces más bellas de España. Pero más que bella, fue entrañable. Nos acompañó en amores que empezaban, en despedidas que dolían, en tardes de domingo, en bodas, en nostalgias nocturnas. 

Hoy, cuando suenan sus canciones, no sólo escuchamos una intérprete impecable. Escuchamos nuestra juventud, nuestros padres, nuestros primeros amores, nuestras pérdidas. Escuchamos el tiempo mismo. 

Y sí… se le extraña. 
Se le extraña como se extraña una voz que nos entendía. 
Se le extraña como se extraña una luz que nunca se apagó del todo. 

Porque mientras alguien en algún rincón del mundo ponga un disco suyo y suspire… 
Rocío Dúrcal seguirá cantándonos. 

 

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