miércoles, 18 de febrero de 2026

FULANO, ZUTANO, MENGANO Y PERENGANO LOS CUATRO FANTASMAS MÁS FAMOSOS DEL ESPAÑOL

 


Texto

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

¿Existieron?
¿Fueron vecinos de Cervantes?
¿Aparecen en algún padrón medieval?

La respuesta es rotunda: no hay registro histórico de tales personajes. No hay partida de nacimiento, ni tumba olvidada, ni retrato en óleo.

Y, sin embargo, los usamos todos los días.

Porque fulano, zutano, mengano y perengano no son personas: son comodines lingüísticos. Son máscaras gramaticales. Son los actores suplentes del idioma cuando el nombre real no importa… o no conviene decirlo.

 

Fulano: el más famoso de los desconocidos

La palabra fulano proviene del árabe fulān (فُلان), que significa literalmente “persona cualquiera”.

Durante siglos de presencia árabe en la península ibérica, el español heredó muchísimas palabras —aceite, almohada, alcalde— y también este pequeño comodín.

Fulano es el rey del anonimato:

“Vino fulano a preguntar por ti.”
“No voy a discutir con fulano y sus amigos.”

Es neutral, práctico y elegante. Es el “alguien” con nombre inventado. El comodín oficial del idioma.

 

Mengano: el hermano misterioso

Mengano también tiene raíz árabe. Se asocia con la expresión man kān (من كان), que significa “quien sea” o “el que sea”.

Si fulano es el primero en aparecer, mengano suele ser su acompañante:

“Fulano, mengano y sutano dijeron lo mismo.”

Tiene un aire ligeramente más pintoresco. Más de corrillo. Más de sobremesa con café.

 

Zutano (o Sutano): el sabido… o el que se supone sabido

Aquí la cosa cambia. Se ha vinculado a la palabra latina scitamus (relacionada con scire, “saber”). La idea sería algo así como “el sabido” o “el ya mencionado”.

Sea exacta o discutible la etimología, lo interesante es su función: zutano completa la serie.

“No me importa lo que diga fulano, zutano o mengano.”

Zutano es el tercero en discordia. El que ya ni sabemos de qué hablaba, pero ahí está.

 

Perengano: el recién llegado

Perengano es el más joven del grupo… y el menos usado.

Se dice que nació de una mezcla popular entre el apellido Pérez (el apellido comodín por excelencia en el mundo hispano) y “mengano”.

Es casi una caricatura lingüística. Un nombre tan genérico que se vuelve cómico.

“Fulano, mengano, zutano y perengano creen que saben todo.”

Perengano ya suena a exageración. Es el “y todos los demás”.

 

¿Por qué los usamos?

Porque el lenguaje es práctico… pero también estratégico.

Los usamos cuando:

  • No sabemos el nombre.
  • No queremos decirlo.
  • No importa quién fue.
  • Queremos generalizar.
  • Queremos ironizar.

Son herramientas sociales. Nos permiten hablar sin señalar. Criticar sin acusar. Narrar sin precisar.

En el fondo, son una forma elegante de decir:

“Alguien por ahí.”

 

Un pequeño detalle delicioso

Fíjate en algo curioso:
Estas palabras existen desde hace siglos… pero nunca han tenido identidad propia.

Son eternamente anónimos.
Son famosos por no ser nadie.

Y eso, es profundamente humano: el idioma crea personajes que jamás existieron… para hablar de todos nosotros.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

COMETAS: MENSAJEROS DE HIELO, FUEGO… Y DESTINO

  Hubo un tiempo en que mirar al cielo podía cambiar el rumbo de un imperio. Una luz inesperada aparecía en la oscuridad. No seguía el o...