miércoles, 18 de febrero de 2026

LAS TRES CARAS DEL AMOR: EROS, NARCISO Y PIGMALIÓN

 


Imagen que contiene persona, hombre, parado, niña

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

El amor no siempre es lo que parece. A veces es impulso ardiente; otras, espejo; otras, escultor. La mitología griega —esa gran psicóloga simbólica de la antigüedad— nos dejó tres figuras que iluminan estas formas: Eros, Narciso y Pigmalión.

Veamos cómo cada uno encarna una cara distinta del amar.

EROS: EL FUEGO QUE DESPIERTA

En su origen griego, Eros no era solo el angelito travieso que conocemos como Cupido. Era una fuerza cósmica primordial, el impulso que une lo separado, el deseo que pone en movimiento al mundo.

En un mito célebre, Eros se enamora de Psique, una mortal de extraordinaria belleza. La ama, pero le impone una condición: que no intente verlo. Cuando Psique, movida por la curiosidad, rompe la prohibición, lo pierde. Solo tras pruebas y sufrimientos logra reencontrarlo.

El mensaje es sutil: el amor erótico comienza con fascinación e idealización. Nos atrae lo que aún no conocemos del todo. Pero si queremos que ese amor madure, debemos atravesar la prueba de ver al otro tal cual es.

Eros es el amor que sale de uno hacia otro real.
Es impulso, deseo, apertura. Puede ser intenso, incluso irracional, pero reconoce la alteridad.

NARCISO: EL ESPEJO ENCANTADO

Narciso era un joven de extraordinaria belleza que despreciaba a quienes lo amaban. Como castigo, fue condenado a enamorarse de su propio reflejo en el agua. Sin saber que era él mismo, quedó atrapado en la contemplación de su imagen hasta consumirse.

Aquí el amor se pliega sobre sí mismo.

El narcisismo no es simplemente quererse: todos necesitamos autoestima. El problema aparece cuando el otro deja de ser persona y se convierte en espejo. Se ama la admiración, la confirmación, el reflejo.

Narciso no ama a otro; ama su imagen proyectada.

En tiempos de redes sociales y vitrinas digitales, este mito parece inquietantemente actual: ¿amamos o buscamos que nos amen para reafirmarnos?

PIGMALIÓN: EL ESCULTOR DEL IDEAL

Pigmalión, rey de Chipre y escultor, modeló una estatua femenina tan perfecta que terminó enamorándose de ella. Suplicó a Afrodita que le diera vida, y la diosa accedió.

Aquí el amor no se dirige a un espejo, sino a una creación propia.

En su versión simbólica, Pigmalión representa a quien no ama al otro como es, sino como lo ha construido mentalmente. Y en su versión psicológica moderna —el “efecto Pigmalión”— muestra cómo nuestras expectativas pueden moldear a los demás.

Pero hay un lado oscuro: cuando alguien “forma” a otro para luego apropiarse de él, el amor se mezcla con control y poder.

Pigmalión ama su obra, no la alteridad libre del otro.

Tres movimientos del corazón

Podríamos resumirlo así:

Eros Amo a alguien que descubro.

Narciso Amo lo que el otro refleja de mí.

Pigmalión Amo lo que yo he construido del otro.

El primero es impulso hacia afuera.
El segundo, repliegue hacia uno mismo.
El tercero, proyección creadora.

Y quizá la madurez amorosa consista en algo más difícil: amar sin convertir al otro en espejo ni en estatua; aceptar que el otro no es extensión de mi deseo, ni confirmación de mi ego, ni criatura moldeada a mi gusto.

Amar, en su forma más alta, sería dejar que el otro sea.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

COMETAS: MENSAJEROS DE HIELO, FUEGO… Y DESTINO

  Hubo un tiempo en que mirar al cielo podía cambiar el rumbo de un imperio. Una luz inesperada aparecía en la oscuridad. No seguía el o...