jueves, 12 de febrero de 2026

JUAN RULFO Y EL REALISMO MÁGICO

 




El realismo mágico es ese territorio literario donde lo extraordinario no irrumpe con estrépito, sino que se sienta a la mesa como si siempre hubiera vivido allí. En este estilo, lo sobrenatural convive con lo cotidiano sin necesidad de explicaciones; los muertos conversan, el tiempo se pliega, la memoria respira… y nadie se sorprende demasiado. No es fantasía: es una forma distinta de mirar la realidad latinoamericana, donde lo mítico, lo espiritual y lo histórico se entrelazan como raíces bajo la tierra.

En este horizonte narrativo incursionó Juan Rulfo, quien escribió Pedro Páramo, una obra magistral, digna —sin exageración alguna— del Premio Nobel de Literatura. No la nominaron, hasta donde yo sé; pero también sé que hay obras que han ganado el Nobel y son inferiores al trabajo de Rulfo. Pero, en fin, como dicen de los santos: no todos los que la Iglesia canoniza son santos, ni todos los que no canoniza dejan de serlo.

Asimismo, el premio a la obra de Rulfo no se lo han otorgado tanto los académicos como la vox populi, que tiene un olfato más certero para la eternidad. Pedro Páramo ha sido llevada tres veces a la pantalla grande —en distintas adaptaciones cinematográficas— con notable resonancia, prueba de que Comala no solo se lee: también se ve, se oye y casi se palpa en la penumbra de una sala de cine.

La novela inicia con una promesa filial: Juan Preciado viaja a Comala para buscar a su padre, Pedro Páramo, cumpliendo el último deseo de su madre. Pero al llegar descubre que el pueblo no es exactamente un pueblo… es un murmullo. Las calles arden bajo el sol, las casas parecen vacías y, sin embargo, las voces susurran por todas partes.

Pronto comprendemos que Comala es un territorio habitado por recuerdos, culpas y ánimas. Los muertos hablan con naturalidad, el tiempo se fragmenta y la figura de Pedro Páramo emerge como un cacique poderoso, duro y contradictorio, cuya ambición y pasión marcaron el destino de todos. Su amor obsesivo por Susana San Juan es tan intenso como estéril; su poder, tan vasto como devastador.

La novela no se cuenta linealmente: se reconstruye como quien arma un rompecabezas hecho de ecos. Es una obra breve, pero de una densidad extraordinaria. Cada frase parece cincelada en piedra, cada silencio tiene peso.

Pedro Páramo no solo narra la muerte de un hombre o la ruina de un pueblo; narra la descomposición de un mundo entero, donde la memoria es lo único que sigue hablando cuando todo lo demás ha callado. Y quizás por eso sigue viva: porque mientras haya alguien que escuche esos murmullos, Comala no terminará de morir.

 

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