sábado, 7 de febrero de 2026

QUO VADIS? CUANDO ROMA BRILLABA... Y EL ALMA BUSCABA LUZ


 


Hubo un tiempo en que Roma me parecía solo mármol, columnas y emperadores crueles. Hasta que llegó a mis manos Quo vadis, de Henryk Sienkiewicz, y entonces entendí que también ahí, en medio del ruido, el lujo y la sangre, latía el corazón frágil y contradictorio del ser humano.

La novela nos lleva a la Roma de Nerón, espléndida y decadente a la vez, donde el poder se ejerce con capricho y la crueldad se disfraza de espectáculo. En ese mundo se cruzan los destinos de Marco Vinicio, un patricio romano, y Ligia, una joven cristiana cuyo amor puro y silencioso se convierte en una fuerza capaz de transformar incluso al más endurecido de los hombres.

Pero Quo vadis no sería la misma sin dos figuras inolvidables que orbitan esta historia como sombras llenas de significado. Petronio, el refinado esteta, tío de Vinicio, es quizá uno de los personajes más fascinantes de la novela. Amante de la belleza, del ingenio y del placer elegante, representa lo mejor de una Roma que sabe que está condenada, pero que decide morir con dignidad, ironía y buen gusto. Su final, sereno y consciente, es uno de los momentos más bellos y tristes del libro.

En el extremo opuesto está Chilón Chilonides, oscuro, miserable y oportunista. Espía, delator y sobreviviente de su propia bajeza, encarna la miseria moral de un mundo sin fe ni principios. Sin embargo, incluso en él la novela siembra una semilla inesperada: la posibilidad del arrepentimiento y la redención, recordándonos que nadie está completamente perdido mientras conserve un resto de conciencia.

Entre persecuciones, incendios y martirios, los primeros cristianos avanzan con una fe humilde pero indestructible. Y cuando aparece la figura del apóstol Pedro, el título cobra su sentido más profundo: Quo vadis? —¿a dónde vas?— no es solo una pregunta para él, sino para cada personaje… y para cada lector.

Quo vadis es una novela de amor, sí, pero también de contraste: entre el poder y la humildad, la belleza y la crueldad, la caída de un mundo viejo y el nacimiento silencioso de otro nuevo. Un libro que se lee con emoción, se cierra con nostalgia y se queda acompañándonos, como una pregunta que nunca termina de apagarse.

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