sábado, 7 de febrero de 2026

SINUHÉ EL EGIPCIO Y ESE EGIPTO QUE PARECÍA RECORDARME

 



Por alguna razón misteriosa —de esas que solo se instalan en la infancia y ya no se van— siempre me ha fascinado la historia del antiguo Egipto. Cuando era niño me quedaba hipnotizado frente a las imágenes de la escritura jeroglífica y los grabados de las tumbas que aparecían en los libros de primaria. Mientras otros pasaban la página con prisa, yo me quedaba ahí, como si esas figuras me estuvieran diciendo algo en voz muy baja.

Me resultaban rarísimos e intrigantes aquellos dioses con cuerpo humano y cabeza de chacal, cocodrilo o ibis. Me cautivaba verlos de perfil, con esos ojos enormes que, aun así, parecían mirarte de frente. Sentía que pertenecían a otro mundo… y, al mismo tiempo, que en algún tiempo muy lejano yo mismo había salido de ahí. Una sensación extraña, dulce y familiar, imposible de explicar con palabras de niño.

Había otra cosa que no lograba concebir: que hubiese existido alguna civilización más antigua que Jesús de Nazaret. En mi alma infantil, nada podía haber ocurrido antes de Él. Todo empezaba ahí. Egipto, para mí, era una especie de sueño antiguo que no sabía muy bien dónde colocar.

Un buen día, ya en la preparatoria, un amigo —sabedor de mi fascinación por esa cultura— me dijo con total naturalidad: “Te presto este libro, sé que te va a encantar”. Y así, casi como quien entrega una llave sin saberlo, puso en mis manos Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari.

Lo leí con cuidado y mucha calma, como se disfruta un helado en una tarde calurosa: sin prisas, saboreando cada página. Y entonces ocurrió algo hermoso e inesperado: los egipcios dejaron de ser figuras solemnes talladas en piedra y se volvieron profundamente humanos… tan humanos y tan parecidos a mí. La novela narra la vida de Sinuhé, un médico egipcio, hijo adoptivo y viajero incansable, que recorre el mundo antiguo intentando comprender el amor, el poder y el sentido de la existencia, en tiempos del faraón Akenatón. Vive entre la gloria y la desilusión, siempre acompañado por las consecuencias de sus propias decisiones.

En su vida sentimental aparecen tres mujeres que terminan por definirlo. Merit, la esposa fiel y silenciosa, representa el amor verdadero y desinteresado, ese que suele estar siempre ahí… hasta que es demasiado tarde para valorarlo. Nefere-nefer-nefer, hermosa y cruel, encarna la pasión destructiva, la ambición y el egoísmo que conducen a Sinuhé a la ruina material y moral.

Y está también la inolvidable muchacha de Creta, Mineá, a quien Sinuhé acompaña desde Babilonia hasta su tierra natal, en un viaje lleno de esperanza y tragedia que culmina simbólicamente cerca de la cueva del Minotauro, donde el sueño del amor puro se rompe para siempre.

Con un tono melancólico y profundamente humano, Sinuhé el egipcio es una reflexión sobre el destino, la soledad y los errores que acompañan al ser humano a lo largo de su vida, sin importar la época ni la civilización. Para mí, además, fue el libro que terminó de unir dos mundos: el Egipto misterioso de mi infancia y la certeza, ya de joven, de que esas figuras antiguas no eran tan ajenas… quizá porque, de algún modo, siempre habían estado conmigo.



 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

EL NUEVO ORÁCULO, ¿QUIÉN SABRÁ INTERROGARLO?

  Dice un adagio que  el sabio saca más provecho de su enemigo que el necio de su amigo . Tal vez porque el sabio no se conforma con lo que ...