domingo, 25 de mayo de 2025

¿Y LOS OTROS ANIMALES QUÉ?

 




Hoy en día abundan las campañas en defensa de los animales. Hay asociaciones, grupos de activistas, marchas y redes sociales llenas de imágenes de perritos rescatados, gatitos esterilizados y conmovedoras historias de adopción. Y no me malinterpreten: todo eso es valioso, necesario, y digno de reconocimiento.

Pero hay algo que no deja de inquietarme.
¿Dónde están esas mismas voces cuando se tortura a otros animales en nombre del espectáculo y la tradición?

Porque mientras se recogen firmas para castigar a quien abandona a un perro, se aplaude —con traje de gala y copa en mano— a quien clava una lanza en el lomo de un toro. Y mientras se condena (con toda razón) al que envenena un gato, se guarda silencio ante las espuelas afiladas que desgarran a los gallos en un palenque.

¿No son también ellos seres vivos que sienten, sufren y temen?

Parece que hay animales que “valen más” que otros, no por su sensibilidad, sino por su cercanía emocional con nosotros. El perro es el amigo fiel. El gato, el compañero de casa. Pero la vaca, la gallina, el toro o el gallo… esos no despiertan la misma compasión. Como si su dolor no contara.

Nosotros, los seres humanos, presumimos de raciocinio. Nos llamamos la especie pensante, la que domina el lenguaje, la técnica, la historia. Pero con todo ese poder, ¿qué hemos hecho?
Muchas veces, nos hemos convertido en verdugos que visten la crueldad de cultura, o la tradición de fiesta.

Yo no creo que seamos los reyes de la creación.
Pero si algo nos distingue del resto de los seres, es la conciencia moral. Y si la tenemos, entonces no nos toca imponer, sino proteger.

Yo creo, con toda el alma, que en este mundo compartido somos como los hermanos mayores.
Y un hermano mayor, cuando ve que el pequeño no puede defenderse, no lo abandona, no lo vende, no lo pone en una jaula. Lo cuida, lo defiende, lo respeta.

Porque la grandeza de una civilización no se mide en sus templos, ni en sus ferias, ni en sus gritos de “¡olé!”.
Se mide en cómo trata a los más débiles.
A los niños. A los ancianos. Y sí: a los animales.

Así que sí: salvemos a los perros y a los gatos.
Pero no olvidemos a los otros.
Porque su vida también vale.
Y porque nosotros, que podemos alzar la voz por ellos… estamos obligados a hacerlo.

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