sábado, 31 de enero de 2026

“BALCONES INVISIBLES: POSICIÓN, EXPERIENCIA Y CULTURA”. (II parte)

 


 


1. El sueño de la vista perfecta — Descartes

René Descartes quería justamente escapar del balcón personal. Pensó algo radical: si dudo de todo —tradiciones, sentidos, creencias— quizá quede una verdad pura, independiente del lugar desde donde miro.

Así llega al famoso: Cogito, ergo sum — pienso, luego existo.

Descartes creía haber encontrado un punto sin balcón, una base universal para todo conocimiento.

Pero había un problema silencioso: aunque el punto fuera seguro… seguía siendo un pensamiento humano.

El observador no desaparecía.

2. Kant: no podemos salir del balcón

Aquí llega Immanuel Kant y cambia el juego completamente. Su idea fue casi un terremoto filosófico:  No es que miremos el mundo desde un balcón. El balcón está dentro de nosotros.

Según Kant: nunca conocemos la realidad “en sí” (noumeno), sólo conocemos la realidad tal como nuestra mente puede organizarla (fenómeno).

Espacio, tiempo, causalidad… no serían propiedades del universo puro, sino formas mediante las cuales la mente humana ordena la experiencia.

Es como si todos lleváramos unas gafas invisibles que no podemos quitarnos. No hay salida del balcón porque somos el balcón.

3. Nietzsche: no existe vista neutral

Nietzsche va todavía más lejos. Dice, básicamente: No hay hechos desnudos, solo interpretaciones. Toda mirada está atravesada por:

  • valores,
  • deseos,
  • fuerzas vitales,
  • historia personal.

Incluso la ciencia —según él— es una interpretación extremadamente poderosa, pero interpretación al fin.

La objetividad absoluta sería un mito humano nacido del deseo de seguridad.

4. La ciencia moderna: muchos balcones coordinados

Y aquí ocurre algo fascinante: la ciencia no refuta del todo a Kant ni a Nietzsche… los integra sin decirlo explícitamente.

La ciencia acepta implícitamente que:

  • cada observador tiene limitaciones,
  • los sentidos engañan,
  • las intuiciones fallan.

Entonces inventa un truco genial: No elimina los balcones; los multiplica y los compara.

Experimentos repetibles, revisión por pares, mediciones independientes… La objetividad científica no es una mirada divina, sino: el acuerdo estable entre muchos balcones distintos. Una especie de democracia de perspectivas.

5. Entonces… ¿qué es la verdad?

Podemos formularlo así: Verdad = mirar desde ningún lugar (imposible). Verdad = comprender desde dónde miramos y contrastarlo con otras miradas.

La verdad no sería ausencia de perspectiva, sino perspectiva consciente.

6. Una consecuencia humana muy hermosa

Esto cambia algo profundo en la vida cotidiana. Si todos miramos desde balcones distintos, entonces:

  • entender al otro no es rendirse,
  • dialogar no es perder identidad,
  • cambiar de opinión no es debilidad.

Es simplemente ampliar el paisaje visible. Quizá la sabiduría no consista en subir más alto, sino en aprender a moverse entre balcones.

 

 

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