1. El sueño de la vista perfecta — Descartes
René Descartes quería justamente escapar del balcón
personal. Pensó algo radical: si dudo de todo —tradiciones, sentidos,
creencias— quizá quede una verdad pura, independiente del lugar desde donde
miro.
Así llega al famoso: Cogito, ergo sum — pienso, luego
existo.
Descartes creía haber encontrado un punto sin balcón, una base universal para todo conocimiento.
Pero había un problema silencioso: aunque el punto fuera
seguro… seguía siendo un pensamiento humano.
El observador no desaparecía.
2. Kant: no podemos salir del balcón
Aquí llega Immanuel Kant y cambia el juego completamente. Su
idea fue casi un terremoto filosófico: No es que miremos el mundo desde un balcón. El
balcón está dentro de nosotros.
Según Kant: nunca conocemos la realidad “en sí” (noumeno),
sólo conocemos la realidad tal como nuestra mente puede organizarla (fenómeno).
Espacio, tiempo, causalidad… no serían propiedades del
universo puro, sino formas mediante las cuales la mente humana ordena la
experiencia.
Es como si todos lleváramos unas gafas invisibles que no
podemos quitarnos. No hay salida del balcón porque somos el balcón.
3. Nietzsche: no existe vista neutral
Nietzsche va todavía más lejos. Dice, básicamente: No hay
hechos desnudos, solo interpretaciones. Toda mirada está atravesada por:
- valores,
- deseos,
- fuerzas
vitales,
- historia
personal.
Incluso la ciencia —según él— es una interpretación
extremadamente poderosa, pero interpretación al fin.
La objetividad absoluta sería un mito humano nacido del
deseo de seguridad.
4. La ciencia moderna: muchos balcones coordinados
Y aquí ocurre algo fascinante: la ciencia no refuta del todo
a Kant ni a Nietzsche… los integra sin decirlo explícitamente.
La ciencia acepta implícitamente que:
- cada
observador tiene limitaciones,
- los
sentidos engañan,
- las
intuiciones fallan.
Entonces inventa un truco genial: No elimina los balcones;
los multiplica y los compara.
Experimentos repetibles, revisión por pares, mediciones
independientes… La objetividad científica no es una mirada divina, sino: el
acuerdo estable entre muchos balcones distintos. Una especie de democracia de
perspectivas.
5. Entonces… ¿qué es la verdad?
Podemos formularlo así: Verdad = mirar desde ningún lugar
(imposible). Verdad = comprender desde dónde miramos y contrastarlo con otras
miradas.
La verdad no sería ausencia de perspectiva, sino perspectiva
consciente.
6. Una consecuencia humana muy hermosa
Esto cambia algo profundo en la vida cotidiana. Si todos
miramos desde balcones distintos, entonces:
- entender
al otro no es rendirse,
- dialogar
no es perder identidad,
- cambiar
de opinión no es debilidad.
Es simplemente ampliar el paisaje visible. Quizá la
sabiduría no consista en subir más alto, sino en aprender a moverse entre
balcones.
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