jueves, 26 de febrero de 2026

BETELGEUSE: LA ESTRELLA ROJA QUE RESPIRA EN EL HOMBRO DE ORIÓN

 




Hay estrellas que simplemente brillan… y hay otras que parecen contar historias. Betelgeuse pertenece a estas últimas. Roja, enorme y cambiante, domina una de las constelaciones más reconocibles del cielo y ha intrigado tanto a astrónomos medievales como a científicos modernos. Mirarla no es solo observar un punto luminoso: es contemplar una estrella gigantesca que vive sus últimos capítulos cósmicos.

Un faro rojo en la constelación de Orión

Betelgeuse se encuentra en la constelación de Orión, el gran cazador del cielo invernal. Si alguna noche entre noviembre y marzo miramos hacia el cielo del sureste, veremos tres estrellas alineadas formando el famoso cinturón de Orión. Sobre ellas aparece una estrella rojiza: ese es el hombro izquierdo del cazador.

Su color es la primera pista de su naturaleza. A diferencia de las estrellas blancas o azuladas, Betelgeuse brilla con un tono anaranjado-rojizo porque su superficie es relativamente fría para una estrella: unos 3,500 °C, mucho menos que los casi 5,500 °C del Sol.

Se encuentra aproximadamente a 640 años luz de la Tierra. Esto significa algo maravilloso: la luz que vemos hoy salió de la estrella cuando en la Tierra aún existían castillos medievales y navegantes cruzaban océanos desconocidos.

Un nombre nacido de un error… y de la historia

El nombre “Betelgeuse” parece extraño porque en realidad es el resultado de siglos de traducciones y confusiones lingüísticas.

Proviene del árabe medieval “Yad al-Jauzā’”, que significa “la mano de al-Jauzā, nombre árabe de la figura celeste equivalente a Orión. Durante la Edad Media, los textos astronómicos árabes fueron traducidos al latín, pero una letra fue mal interpretada: la “y” inicial se leyó como una “b”.

Así, “Yad” terminó transformándose lentamente en “Bedel”, luego “Betel”, hasta convertirse finalmente en Betelgeuse.

El nombre actual es, en cierto modo, un pequeño accidente histórico que sobrevivió siglos… igual que una palabra fósil viajando en el tiempo.

Una estrella imposible de imaginar

Si el Sol fuera una pelota de un metro, Betelgeuse sería un edificio.

Es una supergigante roja, una estrella tan grande que desafía la intuición humana:

©       Su diámetro es aproximadamente 700 a 1,000 veces mayor que el del Sol.

©       En su interior podrían caber cientos de millones de soles, para ponerlo en contexto imagina que el balón de futbol es el sol y el estadio Azteca es Betelgeuse.

©       Si ocupara el lugar del Sol, su superficie se extendería más allá de la órbita de Marte y quizá cerca de Júpiter.

Nuestro planeta, junto con los demás mundos interiores, existiría literalmente dentro de la estrella. Sin embargo, esta enorme esfera no es densa ni compacta. Su materia está tan expandida que se parece más a una nube ardiente que a un objeto sólido. Betelgeuse es gigantesca precisamente porque está envejeciendo.

Una estrella que “respira”

A diferencia del Sol, Betelgeuse no es estable.

Se expande y se contrae lentamente, como si respirara. Su brillo cambia con el tiempo porque enormes burbujas de gas caliente ascienden y se enfrían en su superficie. Algunas de estas células convectivas son tan grandes que podrían abarcar la distancia entre el Sol y Venus.

Además, pierde materia constantemente, expulsando nubes gigantescas al espacio. Está rodeada por una especie de neblina formada por su propia materia expulsada: los restos de una estrella que comienza a despedirse.

El día en que casi creímos que iba a explotar

Entre 2019 y 2020 ocurrió algo extraordinario. Betelgeuse se oscureció de manera inesperada, perdiendo gran parte de su brillo visible. El mundo científico —y también el público— comenzó a preguntarse:

¿Estaba a punto de convertirse en supernova?

Los titulares hablaron del posible fin inminente de la estrella. Una supernova visible a simple vista sería uno de los mayores espectáculos astronómicos de la historia humana.

Finalmente, los astrónomos descubrieron la causa: Betelgeuse había expulsado una enorme nube de polvo que bloqueó parte de su luz. No era su explosión final… solo un gigantesco “estornudo estelar”.

Pero el episodio recordó algo importante: Betelgeuse realmente está cerca del final de su vida, al menos en términos astronómicos.

Su destino inevitable

Algún día —quizá dentro de miles o cien mil años— el núcleo de Betelgeuse colapsará y la estrella explotará como una supernova.

Cuando eso ocurra:

©       brillará tanto como la Luna llena,

©       será visible incluso de día,

©       y durante semanas habrá en el cielo una “nueva estrella”.

A pesar de la violencia del evento, estamos demasiado lejos para correr peligro. Lo único que recibiremos será un espectáculo cósmico inolvidable.

Mirar Betelgeuse: una experiencia humana

Hay algo profundamente humano en observar Betelgeuse. No vemos sólo una estrella; vemos un proceso cósmico gigantesco en marcha. Una estrella que nació antes de la historia escrita y que algún día desaparecerá en una explosión que sembrará nuevos elementos en la galaxia.

El hierro de nuestra sangre y el calcio de nuestros huesos fueron creados en estrellas semejantes.

Quizá por eso Betelgeuse fascina tanto: porque nos recuerda que el universo no es estático, sino vivo, cambiante y creativo.

Cuando la veas en una noche clara de invierno, piensa en esto:

la luz que llega a tus ojos comenzó su viaje siglos antes de que nacieras… y aun así termina exactamente en ese instante, en tu mirada.

Y durante unos segundos, tú y una estrella moribunda comparten el mismo presente.

 


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