jueves, 12 de febrero de 2026

EL HINGENIOSO HIDALGO, DON QUIJOTE DE LA MANCHA

 



Cuando cursaba los primeros semestres de la universidad, allá en la Valenciana —donde el frío parecía formar parte del plan de estudios—, tuve un profesor que aún hoy vuelve a mi memoria con nitidez: medio excéntrico, hondamente carismático y dueño de una cultura que no necesitaba alardes. Nos impartía la materia de Historia de las Relaciones Diplomáticas entre México y los Estados Unidos, pero en realidad nos enseñaba algo más sutil: a sospechar que la historia y la literatura conversan en voz baja.

Una mañana, mientras el viento se colaba por los ventanales y nosotros fingíamos estoicismo académico, el profesor sorprendió a una compañera —que también cursaba Letras Españolas— leyendo en secreto El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Yo, con la severidad juvenil de quien cree que el mundo es un reglamento, pensé que la expulsaría de clase por semejante atrevimiento.

—¿Qué lees? —preguntó el docente, con voz grave pero curiosa.

La muchacha, roja como amapola en invierno, casi se escondió detrás de otro compañero. Con timidez levantó el pequeño volumen para que el profesor pudiera leer el título.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Esperábamos una reprimenda ejemplar. En cambio, ocurrió lo inesperado.

—¿Quién de ustedes ya leyó ese libro? —preguntó.

Dos o tres manos se alzaron con cautela.

—Todos deberían leerlo —sentenció—. Es más, quien lo lea le pongo diez en esta clase.

Hubo un murmullo, una chispa de incredulidad y deseo. Yo, que no quería leerlo precisamente porque todos hablaban de él —y porque siempre he tenido cierta inclinación a remar contra la corriente—, me atreví a preguntar:

—¿Quiere que le hagamos un resumen cuando lo terminemos?

—No —respondió con serenidad—. Yo me daré cuenta si lo leyeron o no.

—¿Cómo? —insistí, intrigado.

El profesor se encogió de hombros y dibujó una sonrisa enigmática que aún hoy no he descifrado. No añadió palabra.

Al final del semestre presenté examen. Obtuve un diez. Nunca supe si fue por haber leído el Quijote, o por alguna otra razón invisible que el profesor sí supo ver.

Y tal vez ahí radique el misterio: hay libros que no se leen para aprobar una materia, sino para que la vida nos apruebe a nosotros.

¿Por qué Don Quijote de la Mancha es una gran obra de la literatura universal?

 

La novela Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes, es considerada una de las cumbres de la literatura universal por varias razones sencillas pero profundas:

1. Porque inventó la novela moderna

Antes del Quijote, las historias eran más lineales y menos conscientes de sí mismas. Cervantes creó personajes complejos, con contradicciones, que evolucionan. Don Quijote y Sancho Panza no son símbolos rígidos: cambian, dudan, se transforman.

2. Porque mezcla realidad y fantasía

El protagonista ve gigantes donde hay molinos, ejércitos donde hay ovejas. Esa tensión entre lo que es y lo que creemos que es sigue siendo profundamente humana. Todos, en algún momento, vemos el mundo a través de nuestros propios sueños.

3. Porque es profundamente humano

Habla del idealismo, del fracaso, de la dignidad en la derrota. Don Quijote puede estar loco, pero su locura es noble: quiere justicia, amor, honor. Nos recuerda que aspirar a algo más grande que uno mismo es parte esencial de ser humano.

4. Porque es irónico y divertido

No es solo un libro solemne: es ingenioso, paródico, lleno de humor. Cervantes se burla de las novelas de caballería y, al mismo tiempo, las honra.

5. Porque sigue vigente

Más de cuatro siglos después, seguimos hablando del quijotismo, de luchar contra molinos de viento, de la tensión entre ideal y realidad. Pocas obras logran atravesar tanto tiempo sin perder actualidad.

En resumen: el Quijote es grande porque habla de nosotros. Porque en algún rincón de nuestra vida hemos sido Sancho, prácticos y terrenales; y en otro, inevitablemente, hemos sido Quijote, soñadores incurables.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario