jueves, 12 de febrero de 2026

MI DESCUBRIMIENTO DE HERMANN HESSE

 



Hubo un momento decisivo en mi vida lectora. Cursaba la preparatoria cuando un profesor de español —de esos que no solo enseñan gramática sino inquietudes— me sugirió leer Demian. No lo impuso como tarea; lo recomendó como quien comparte un secreto.

Lo leí sin saber que estaba abriendo una puerta.

A partir de esa novela me nació la curiosidad por explorar casi toda la obra de Hesse. Me sumergí en sus búsquedas espirituales, sus crisis interiores y sus personajes que parecen caminar siempre al borde de sí mismos. Pero si tuviera que quedarme con tres libros que realmente me marcaron, serían:

  • Demian
  • Narciso y Goldmundo
  • Bajo la rueda

Cada uno, a su manera, habla del crecimiento, del conflicto entre lo que somos y lo que esperan que seamos.

 

Demian: el despertar interior

Es la historia de Emil Sinclair, un joven que vive dividido entre el “mundo luminoso” de la moral establecida y un mundo más oscuro, ambiguo y fascinante. La figura de Demian aparece como guía, casi como conciencia alternativa, que lo empuja a cuestionarlo todo.

Más que una novela, es un proceso de iniciación. Habla de identidad, de romper moldes, de atreverse a pensar distinto. No es escandalosa; es inquietante. Y para un adolescente que empieza a preguntarse quién es, puede sentirse como una conversación íntima.

 

Narciso y Goldmundo: razón y pasión

Aquí Hesse plantea un contraste poderoso.

Narciso representa la disciplina, el pensamiento, la vida monástica.
Goldmundo, en cambio, encarna la sensibilidad, el arte, la experiencia, el deseo de vivir intensamente.

La novela sigue el camino de Goldmundo a través del amor, el arte, la pérdida y el descubrimiento. Es una reflexión sobre las dos fuerzas que habitan en todo ser humano: la mente y el corazón.

Es quizá la más narrativa de las tres, la más rica en episodios y paisajes, y también una de las más profundas.

 

Bajo la rueda: el peso de las expectativas

Esta novela es más breve y más directa, pero también más dolorosa.

Cuenta la historia de Hans Giebenrath, un joven brillante que es empujado por su entorno académico a convertirse en ejemplo de éxito. Sin embargo, el sistema que lo exalta termina por aplastarlo.

Es una crítica dura al modelo educativo rígido y a la presión que se ejerce sobre los jóvenes talentosos. Aquí Hesse habla, con claridad casi autobiográfica, del peligro de reducir la vida a rendimiento y disciplina.

Lo que une a estos tres libros

En todos hay jóvenes que buscan su lugar.
En todos hay tensión entre libertad y norma.
En todos aparece la pregunta esencial: ¿quién soy realmente?

Quizá por eso me marcaron tanto en aquella etapa. Porque la preparatoria es precisamente el tiempo en que uno empieza a sospechar que la vida no viene con respuestas dadas.

Y tal vez por eso sigo regresando a Hesse: no porque tenga soluciones, sino porque sabe formular las preguntas correctas.

 

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