viernes, 20 de febrero de 2026

LA CATEDRAL VERTICAL DE LA SELVA: LA SIMA DE LAS GOLONDRINAS

 


En la Huasteca potosina, en el estado mexicano de San Luis Potosí, existe un abismo que parece abrirse directamente hacia el centro de la Tierra: la Sima de las Golondrinas.

Y no es una metáfora poética. Es un agujero natural gigantesco, casi perfectamente vertical, con una profundidad aproximada de 512 metros (más de medio kilómetro) y una caída libre inicial de casi 376 metros. Es como asomarse al vacío desde la Torre Eiffel… multiplicada por más de uno y medio.

Pero lo más fascinante no es solo su tamaño.

¿Qué hay dentro?

Contrario a lo que su nombre sugiere, no son golondrinas comunes las que habitan allí, sino principalmente vencejos, aves extraordinarias que pasan la mayor parte de su vida en el aire.

Cada amanecer ocurre un espectáculo casi ritual: Miles de aves salen en espiral desde el fondo. Dibujan una columna viva que asciende hacia la luz. Se dispersan sobre la selva para alimentarse. Y al atardecer regresan en picada, entrando en el abismo a velocidades impresionantes, como si el vacío fuera su verdadero hogar.

Es una coreografía natural que parece diseñada por algún arquitecto místico de la gravedad.

¿Cómo se formó?

La sima es un sumidero kárstico: el resultado de miles (o millones) de años de erosión del agua sobre roca caliza.

El techo de una caverna colapsó. La selva siguió creciendo alrededor. Y quedó esa boca gigantesca abierta hacia la oscuridad. Desde arriba, parece un ojo verde que mira al subsuelo.

El lado extremo

La Sima no solo atrae científicos y fotógrafos. También es un destino legendario para: Espeleólogos, Rappelistas, Practicantes de BASE jump



Descender implica horas de preparación, cuerdas de más de 400 metros y una técnica impecable. No es turismo casual; es territorio para expertos.

Un símbolo natural

La Sima de las Golondrinas no es solo un agujero profundo.


Es: Un santuario ecológico. Un fenómeno geológico extraordinario. Un espectáculo biológico diario. Y una metáfora perfecta del vértigo humano ante lo desconocido

Si la playa de Sint Maarten es el lugar donde la ingeniería nos despeina, la Sima potosina es el lugar donde la naturaleza nos recuerda lo pequeños que somos.

Y ahí está, un vacío que no asusta, sino que fascina.

 


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