En la Huasteca potosina, en el estado mexicano de San Luis
Potosí, existe un abismo que parece abrirse directamente hacia el centro de la
Tierra: la Sima de las Golondrinas.
Y no es una metáfora poética. Es un agujero natural gigantesco, casi perfectamente vertical, con una profundidad aproximada de 512 metros (más de medio kilómetro) y una caída libre inicial de casi 376 metros. Es como asomarse al vacío desde la Torre Eiffel… multiplicada por más de uno y medio.
Pero lo más fascinante no es solo su tamaño.
¿Qué hay dentro?
Contrario a lo que su nombre sugiere, no son golondrinas
comunes las que habitan allí, sino principalmente vencejos, aves
extraordinarias que pasan la mayor parte de su vida en el aire.
Cada amanecer ocurre un espectáculo casi ritual: Miles de
aves salen en espiral desde el fondo. Dibujan una columna viva que asciende
hacia la luz. Se dispersan sobre la selva para alimentarse. Y al atardecer
regresan en picada, entrando en el abismo a velocidades impresionantes, como si
el vacío fuera su verdadero hogar.
Es una coreografía natural que parece diseñada por algún
arquitecto místico de la gravedad.
¿Cómo se formó?
La sima es un sumidero kárstico: el resultado de miles (o
millones) de años de erosión del agua sobre roca caliza.
El techo de una caverna colapsó. La selva siguió creciendo
alrededor. Y quedó esa boca gigantesca abierta hacia la oscuridad. Desde
arriba, parece un ojo verde que mira al subsuelo.
El lado extremo
La Sima no solo atrae científicos y fotógrafos. También es
un destino legendario para: Espeleólogos, Rappelistas, Practicantes de BASE
jump
Descender implica horas de preparación, cuerdas de más de
400 metros y una técnica impecable. No es turismo casual; es territorio para
expertos.
Un símbolo natural
La Sima de las Golondrinas no es solo un agujero profundo.
Es: Un santuario ecológico. Un fenómeno geológico extraordinario. Un espectáculo biológico diario. Y una metáfora perfecta del vértigo humano ante lo desconocido
Si la playa de Sint Maarten es el lugar donde la ingeniería
nos despeina, la Sima potosina es el lugar donde la naturaleza nos recuerda lo
pequeños que somos.
Y ahí está, un vacío que no asusta, sino que fascina.
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