Si alguien cree que La Odisea es “un libro viejo lleno de dioses griegos”, está perdiéndose una de las narraciones más modernas jamás escritas. Porque, en el fondo, no trata de monstruos ni de tormentas: trata de regresar a casa.
Ulises (Odiseo) ha sobrevivido a la guerra de Troya. Lo que debería ser un simple viaje de regreso se convierte en un recorrido de diez años lleno de pruebas: el cíclope Polifemo, las sirenas, la hechicera Circe, el descenso al mundo de los muertos, la furia de Poseidón. Pero cada obstáculo es más que un episodio fantástico; es una metáfora de las tentaciones, los miedos y las pérdidas que atraviesa cualquier ser humano cuando intenta volver a lo que ama.
Lo fascinante es que Ulises no es el héroe perfecto. No es invencible ni puro. Es astuto, orgulloso, vulnerable, a veces imprudente. Sobrevive más por inteligencia que por fuerza. Y ahí está su grandeza: es profundamente humano. No encarna la perfección; encarna la perseverancia.
Mientras tanto, en Ítaca, Penélope resiste. Y Telémaco crece. La novela —porque sí, aunque sea un poema épico, funciona narrativamente como una novela— alterna entre la aventura exterior y la espera interior. Y esa tensión sostiene todo el relato.
¿Por qué leerla hoy?
Porque La Odisea es el arquetipo de todas las historias de viaje que vinieron después. Sin ella no existirían muchas de las estructuras narrativas modernas. Es el ADN de la aventura, del viaje iniciático, del héroe que cambia al enfrentarse al mundo.
Pero también es una reflexión sobre el tiempo. Diez años no son solo una duración; son transformación. El que regresa no es el mismo que partió. Y esa es quizá la enseñanza más poderosa del poema: volver no significa retroceder; significa integrar lo vivido.
Además, hay algo profundamente contemporáneo en su pregunta central: ¿qué es realmente el hogar? ¿Un lugar físico? ¿Una persona? ¿Un estado del alma? Ulises recorre mares infinitos solo para descubrir que el verdadero viaje era comprender qué deseaba conservar.
La obra combina aventura, filosofía, psicología y poesía. Tiene escenas de tensión dramática, momentos de ternura, episodios de terror y también ironía. No es un texto frío ni inaccesible; es sorprendentemente ágil cuando se lee con una buena traducción.
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