jueves, 19 de febrero de 2026

LA REINA DEL SILENCIO: LA CAMPANA COLOSAL DE ARANDAS

 




En el corazón de Arandas, Jalisco, vive —sí, vive— una campana que no necesita exageraciones para impresionar. Es considerada la más grande de América Latina.

Pesa nada menos que 14.195 toneladas, tiene 3 metros de diámetro y casi la misma altura. Para que no quede duda de su carácter monumental, su badajo pesa 502 kilos. Es decir, lo que para otras campanas sería el todo, para ella es apenas el “corazón”.

No estamos hablando de una campanita parroquial. Estamos hablando de una señora campana.

Nació grande… y dio miedo

Fue fundida en 1969 por don Carlos Arteaga en Guadalajara, a petición del párroco Juan Pérez Gallegos. La intención era clara: coronar la torre con un símbolo de fe y orgullo local.

Pero cuando llegó el momento de colocarla… alguien hizo cuentas.

Y esas cuentas dijeron: “¿Y si se nos viene abajo la torre?”

El temor a que su peso descomunal dañara la estructura hizo que la recién nacida no subiera jamás al campanario. Así comenzó su destino peculiar: la campana más grande… que no sonaba.

La Reina del Silencio

Durante años permaneció en el suelo del atrio. Majestuosa. Imponente. Inmóvil. Los arandenses, con ese humor tan propio de nuestros pueblos, comenzaron a llamarla “La Reina del Silencio”. Y el nombre le quedó perfecto: enorme, solemne… pero muda.

Era como si estuviera esperando su momento histórico.

El campanil y el despertar (a medias)

El 27 de julio de 1999, el entonces presidente municipal Eduardo López Camarena propuso una solución digna de su tamaño: construir un campanil especial en el atrio para sostenerla con seguridad. El ayuntamiento aceptó.

A principios del año 2000, finalmente fue elevada a su sitio actual, en la parte derecha del atrio. Después de tres décadas en el suelo, por fin se le dio el trono que merecía.

Pero aquí viene la ironía deliciosa: aunque ahora puede sonar… casi no se usa. Porque cuando su badajo golpea, no es un simple repique. Es un retumbar profundo, como si los cerros de Los Altos bufaran al unísono. No llama: estremece. No suena: vibra en la tierra.

Por eso sigue siendo, en cierto modo, semimuda. No por incapacidad, sino por respeto.

Más que una campana

La campana de Arandas no es sólo un objeto religioso. Es un símbolo del orgullo regional, de la audacia de querer lo más grande… y del prudente miedo humano ante lo descomunal.

Es una metáfora filosófica, como esas ideas gigantes que concebimos con entusiasmo y luego no sabemos dónde colocar.

Y ahí está: firme, pesada, serena. La Reina del Silencio. La campana que, cuando habla, hace que la tierra escuche.

 


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