En un país de más de 120 millones de habitantes, existe un lugar donde sólo viven 81 personas. Un sitio donde no hace falta directorio telefónico porque todos saben quién es quién. Ese rincón se llama Santa Magdalena Jicotlán, y está escondido en la región Mixteca del estado de Oaxaca. Sí, leíste bien: 81 habitantes.
Un municipio del tamaño de un
suspiro
Jicotlán tiene 27 kilómetros
cuadrados de superficie y una densidad de apenas 3 habitantes por
kilómetro cuadrado. En términos urbanos, eso equivale a vivir con el
“distanciamiento social” activado… desde siempre.
Cuenta con unas 30 casas,
algunas recién pintadas, otras aún vestidas con el tono terroso del adobe.
Varias lucen silenciosas, con puertas de madera que alguien dejó cerradas
cuando decidió marcharse. Porque sí, en la última década el pueblo perdió doce
habitantes. Poco para una gran ciudad; mucho para una comunidad tan pequeña.
Donde el silencio también
tiene sonido
El silencio en Jicotlán no es
absoluto. Cada quince minutos, el altavoz del reloj en la plaza principal rompe
la quietud con música. Es un detalle casi poético: el tiempo recordándole al
pueblo que sigue ahí, latiendo.
Las calles permanecen tranquilas.
No hay tráfico. No hay filas. No hay prisa. Aquí, cuando alguien foráneo llega,
se nota. Y rápido.
Una pandemia que no tocó la
puerta
Durante la crisis mundial del
COVID-19, el municipio no registró ni un solo caso de contagio. En parte
por su aislamiento natural, en parte por la prudencia de sus habitantes, que
usaron cubrebocas con la conciencia clara de que perder incluso a una persona
sería alterar significativamente el equilibrio demográfico.
En una comunidad de 81 personas,
cada vecino cuenta. Literalmente.
Una escuela con veinte
alumnos… y memoria de tiempos más llenos
En las aulas apenas hay 20
estudiantes inscritos. Hubo épocas en que fueron más. Pero quienes
permanecen están acostumbrados a la escala pequeña de su mundo: el mismo rostro
en la tienda, la misma voz en la plaza, los mismos apellidos que se repiten
generación tras generación.
Aquí no hay anonimato. Tampoco
indiferencia.
La grandeza de lo diminuto
Santa Magdalena Jicotlán es
oficialmente el municipio más pequeño de México en población. Pero su historia
revela algo mayor: la resistencia silenciosa de los pueblos que sobreviven sin
ruido, sin reflectores y sin multitudes.
En un mundo obsesionado con lo
masivo, Jicotlán demuestra que lo minúsculo también tiene dignidad.
Que un pueblo puede ser pequeño en número… pero enorme en identidad.
Y quizá lo más curioso no sea que
tenga 81 habitantes. Lo verdaderamente extraordinario es que, a pesar de todo,
siga existiendo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario