viernes, 20 de febrero de 2026

LA PEÑA DE BERNAL: PIEDRA ANTIGUA, CINE ETERNO Y CIELO ABIERTO

 



En el corazón del semidesierto queretano se alza la imponente Peña de Bernal, una roca que parece suspendida entre la tierra y el cielo. No es solo un atractivo turístico: es una presencia. Un testigo pétreo de millones de años, de tradiciones antiguas… y también de la historia del cine mexicano.

El corazón petrificado de un volcán

La Peña no es una montaña común. Es el núcleo solidificado de un volcán extinto que emergió hace más de ocho millones de años. La erosión borró el cuerpo volcánico y dejó expuesto su “corazón” de roca ígnea —principalmente riolita— formando uno de los monolitos más grandes del mundo.

Desde su base, con más de 350 metros de altura, domina el paisaje como si fuera un vigía antiguo. Subirla es recorrer capas de tiempo. Mirarla al amanecer es entender por qué tantas culturas han visto en ella algo más que piedra.

Energía, equinoccios y misticismo

Cada primavera, durante el equinoccio, visitantes vestidos de blanco acuden a la Peña para “recargarse de energía”. No existe evidencia científica de que emita fuerzas especiales, pero sí es innegable que produce algo poderoso: asombro.

Tal vez su energía sea esa mezcla de silencio, viento y vastedad que nos devuelve la conciencia de lo pequeño que somos frente a la historia geológica.

La Peña en la Época de Oro del cine mexicano

Pero la Peña no solo ha sido escenario de rituales y contemplaciones: también fue telón de fondo del cine clásico mexicano.

Aquí se filmaron escenas de La Cucaracha, película emblemática de 1959 dirigida por Ismael Rodríguez. En ella participaron verdaderas constelaciones del cine nacional: María Félix, Ignacio López Tarso, Dolores del Río, Emilio Fernández, el célebre “Indio Fernández”, Pedro Armendáriz.



Imagina esas figuras, con sus miradas intensas y su presencia imponente, moviéndose bajo la sombra de la Peña. La roca milenaria como espectadora muda de pasiones revolucionarias y dramas humanos.

También fue escenario de El gallo de oro, basada en la obra de Juan Rulfo, donde brilló la inconfundible voz y presencia de Lucha Villa. El paisaje árido y luminoso del semidesierto queretano encajaba perfectamente con el tono fatalista y poético de la historia.

Así, la Peña no solo guarda lava antigua, sino también ecos de diálogos, cámaras rodando y voces que marcaron una época.

Bernal, pueblo bajo la roca

A los pies del monolito se encuentra el encantador Bernal, declarado Pueblo Mágico. Sus calles empedradas, talleres de lana y dulces típicos conviven con la silueta monumental que lo corona.

Cada año, durante la Fiesta de la Santa Cruz, los habitantes suben una cruz a la parte accesible del monolito, mezclando tradición católica e identidad comunitaria.

Naturaleza viva

La Peña también es un destino de escalada reconocido. Su roca firme y vertical ofrece rutas técnicas que atraen a deportistas nacionales e internacionales. Alrededor crecen biznagas, mezquites y cactáceas que han aprendido a sobrevivir en el clima semidesértico.

Desde arriba, el horizonte parece una pintura en tonos ocres y azules. Y el viento, constante, parece contar historias.

Piedra, memoria y mirada

La Peña de Bernal es geología, es mito, es tradición… y también es celuloide. Ha visto pasar volcanes, pueblos originarios, revolucionarios ficticios, estrellas de cine y turistas con teléfonos móviles.

Quizá su verdadera grandeza no esté solo en su tamaño, sino en su capacidad de reunir tiempos distintos en un mismo paisaje: el tiempo profundo de la tierra, el tiempo histórico de México y el tiempo íntimo de quien la contempla.

Y cuando el sol cae detrás de la roca, uno entiende que algunas piedras no solo sostienen el cielo: también sostienen la memoria.

 

 

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