jueves, 12 de febrero de 2026

EL SOSPECHISMO NACIONAL (CON JUSTIFICACIÓN)

 



La renuencia no nació de la nada. Decía la abuelita: "La burra no era arisca..."

1. Fraudes y extorsiones: el “buenas tardes” que da miedo

Entre “secuestros virtuales”, supuestos bancos reportando cargos fantasma, premios inexistentes y sorteos donde uno “resultó ganador sin participar”, el teléfono dejó de ser instrumento de comunicación para convertirse en ruleta rusa digital.
El aumento de estos delitos ha sembrado una desconfianza generalizada. Hoy, un “¿me escucha?” puede ser el prólogo de una historia que empieza en pánico y termina en transferencia bancaria.

2. Exceso de spam: el club VIP al que nadie se inscribió

Ofertas de tarjetas de crédito, cambios de compañía telefónica, seguros para mascotas que uno no tiene y planes funerarios cuando apenas cumplimos 30. Hay quienes reciben varias llamadas al día. El teléfono suena más que campana de recreo.
Naturalmente, el usuario promedio piensa: si fuera importante, no sonaría con tanta insistencia.

3. Robo o filtración de datos: cuando te llaman por tu nombre

Nada eriza más la piel que escuchar: “Señor López, le hablo por su crédito”. ¿Cuál crédito? ¿Quién les dio mi número? La sensación de que “vendieron” nuestros datos incrementa la percepción de vulnerabilidad. La llamada personalizada ya no seduce; inquieta.

4. Preferencia por mensajería: si urge, manda WhatsApp

En la era del texto, la llamada se siente invasiva. Muchos piensan: si es importante, que envíe mensaje. La mensajería permite leer, pensar y contestar; la llamada exige reacción inmediata. Y reaccionar, en México, puede ser peligroso… o al menos incómodo.

5. El celular como guardaespaldas

Los teléfonos ahora identifican spam, bloquean números y silencian llamadas desconocidas. La tecnología nos dio la opción de ignorar con elegancia automatizada. Y la estamos usando.

6. Experiencias negativas: el trauma del “llamada grabada”

Quien ha sido víctima de fraude, o ha contestado para escuchar una grabación automática que empieza con “No cuelgue”, entiende por qué el dedo se vuelve prudente. La memoria también filtra llamadas.

Las consecuencias positivas: silencio productivo

No contestar tiene su lado luminoso.

  • Menor exposición a fraudes: disminuyen las probabilidades de caer en extorsiones y phishing telefónico. Menos manipulación emocional, menos sobresaltos.

  • Mejor control del tiempo: menos interrupciones, menos estrés por ofertas irrelevantes, más concentración.
    En resumen: más paz, menos “¿tiene cinco minutos para escuchar una promoción?”.

El 56% que no contesta duerme, quizás, un poco mejor.

Pero… no todo es miel sobre hojuelas

El silencio también tiene costos.

  • Oportunidades laborales: reclutadores y entrevistas pueden llamar desde números desconocidos. El trabajo soñado pudo sonar a las 10:32 a.m. y morir en el buzón.

  • Clientes nuevos: para emprendedores, cada llamada perdida podría ser ingreso perdido.

  • Paquetería y confirmaciones médicas o escolares: el repartidor afuera diciendo “no contesta nadie”.

  • Emergencias: hospitales, aseguradoras, autoridades o familiares llamando desde otro número en un momento urgente.

     Aquí el “no contestar” deja de ser estrategia y se convierte en riesgo.

Cambio cultural: del “¿bueno?” al “¿me escribes?”

Estamos presenciando una migración casi total hacia la mensajería. La llamada, que antes era señal de cercanía, hoy puede interpretarse como intromisión.
Este cambio trae mayor dependencia de aplicaciones, pero también menor confianza interpersonal. Hemos pasado de la inmediatez de la voz al filtro del texto. La conversación espontánea se volvió sospechosa.

Paradójicamente, en un país famoso por su calidez, el número desconocido nos enfría.

Entonces, ¿contestamos o no?

Quizás la respuesta no sea absoluta. Tal vez el nuevo protocolo mexicano sea:

  1. No contestar.

  2. Esperar mensaje.

  3. Buscar el número en internet.

  4. Si insiste… considerar la posibilidad de que no sea un estafador.

Vivimos tiempos donde la prudencia compite con la oportunidad. Donde el silencio protege, pero también aísla.

Al final, el 44% valiente y el 56% precavido comparten la misma realidad: el teléfono ya no es sólo un aparato; es una frontera. Y cada vez que suena, decidimos si abrimos la puerta… o miramos por la mirilla digital y seguimos de largo.

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