Cómo cada instrumento moldea
de manera distinta nuestro cerebro y nuestra personalidad
"Cada instrumento es una
escuela diferente; todos enseñan música, pero cada uno educa capacidades
particulares."
Quien decide aprender un
instrumento musical suele hacerse una pregunta muy sencilla: ¿cuál será el
mejor?
Algunos buscan el sonido más hermoso. Otros prefieren el instrumento que consideran más fácil de aprender. Hay quienes piensan en el costo, en el espacio que ocupará en casa o en el tipo de música que desean interpretar.
Sin embargo, existe una pregunta
aún más interesante: ¿todos los instrumentos desarrollan las mismas
habilidades?
La respuesta es no.
Todos mejoran la concentración,
la memoria, la coordinación y la sensibilidad artística. Pero cada instrumento
exige retos distintos y, precisamente por ello, fortalece capacidades
particulares.
Es como practicar diferentes
deportes. Todos benefician al organismo, aunque un nadador desarrolla
habilidades diferentes a las de un corredor o un gimnasta.
Con la música sucede exactamente
lo mismo.
El piano: la gran escuela de
la coordinación
Muchos pedagogos consideran que
el piano es uno de los instrumentos más completos que existen.
El pianista debe leer dos
pentagramas al mismo tiempo, coordinar ambas manos de manera independiente y
controlar con precisión la intensidad de cada nota.
Mientras la mano izquierda
interpreta el acompañamiento, la derecha puede ejecutar una melodía
completamente distinta.
En ocasiones ambas realizan
ritmos diferentes y, aun así, deben mantenerse perfectamente sincronizadas.
Todo ello convierte al piano en
un extraordinario entrenamiento para la coordinación, la atención y la
comprensión de la armonía.
No es casualidad que muchos
compositores hayan utilizado el piano como herramienta para crear algunas de
las obras más importantes de la historia de la música.
El violín: una escuela para el
oído
Quien observa un violín descubre
enseguida una diferencia con la guitarra.
No tiene trastes.
Eso significa que el violinista
debe colocar cada dedo exactamente en el lugar correcto para producir la
afinación precisa.
Una desviación de apenas unos
milímetros basta para que la nota suene desafinada.
Por esa razón, el violín
desarrolla un oído extraordinariamente fino.
El intérprete aprende a percibir
pequeñas diferencias de afinación que la mayoría de las personas apenas logra
distinguir.
Además, exige un gran dominio del
arco, del equilibrio corporal y del control de la expresión musical.
La guitarra: el arte de pensar
con las manos
Pocos instrumentos combinan
tantas posibilidades como la guitarra.
Puede acompañar una canción,
interpretar melodías, ejecutar varias voces simultáneamente o incluso sustituir
a una pequeña orquesta mediante complejos arreglos.
Mientras una mano decide
exactamente qué cuerda debe pulsarse y con qué intensidad, la otra construye
acordes, cambia posiciones y produce la afinación correcta.
La guitarra desarrolla una
coordinación muy refinada entre ambas manos, fortalece la comprensión de la
armonía y favorece la creatividad, ya que permite acompañar, improvisar y crear
arreglos con relativa facilidad.
Quizá por eso es uno de los
instrumentos más populares del mundo.
Los instrumentos de viento:
aprender a respirar
Flautas, clarinetes, oboes,
trompetas y saxofones tienen un maestro en común: el aire.
El sonido depende directamente de
la respiración.
El músico aprende a administrar
el aire con precisión, controlar la presión, mantener una postura adecuada y
dosificar el esfuerzo físico.
No resulta extraño que muchos
cantantes estudien también algún instrumento de viento para perfeccionar su
técnica respiratoria.
En ellos, respirar deja de ser un
acto automático para convertirse en un verdadero arte.
La percusión: el reino del
ritmo
Pocas personas imaginan el enorme
desafío que representa tocar una batería o un conjunto de percusión.
Con frecuencia, cada una de las
cuatro extremidades realiza movimientos distintos. Una mano marca un ritmo.
La otra responde con otro
completamente diferente. Los pies ejecutan patrones propios.
Y todo ello debe mantenerse
perfectamente sincronizado.
Los instrumentos de percusión
desarrollan como pocos el sentido del ritmo, la coordinación motriz y la
capacidad de mantener una concentración constante.
El órgano: la independencia
llevada al extremo
Si existe un instrumento capaz de
desafiar la coordinación humana, ese es el órgano.
El organista puede utilizar
simultáneamente dos o tres teclados con las manos, un pedalero con ambos pies y
numerosos registros para modificar el color sonoro del instrumento.
Cada extremidad parece tener vida
propia.
No es extraño que muchos músicos
consideren al órgano uno de los instrumentos más complejos jamás construidos.
Su estudio constituye una
auténtica gimnasia para el cerebro.
El canto: el instrumento que
todos llevamos dentro
Aunque muchas veces no se le
considera un instrumento, la voz humana es probablemente el más antiguo de
todos.
Quien canta desarrolla el oído,
la respiración, la memoria, la dicción y la capacidad de expresar emociones.
Además, cantar en coro enseña una
lección particularmente valiosa: escuchar a los demás antes de intentar
destacar uno mismo. No basta con cantar bien. Hay que integrarse en un
conjunto.
Entonces... ¿cuál es el mejor?
Después de recorrer esta pequeña
galería de instrumentos, la respuesta puede parecer sorprendente.
No existe un instrumento
perfecto.
Existe el instrumento adecuado
para cada persona.
Alguien de personalidad reflexiva
quizá disfrute durante horas frente a un piano.
Otra persona encontrará en la
guitarra la libertad para acompañar canciones y compartir momentos con los
amigos.
Habrá quien se enamore del sonido
noble del violonchelo, del brillo de una trompeta o de la elegancia de una
flauta.
Todos ofrecen caminos diferentes
hacia un mismo destino: el crecimiento personal.
Lo más importante no está en
el instrumento
Con frecuencia admiramos un
Stradivarius, un gran piano de concierto o un órgano monumental.
Sin embargo, el verdadero cambio
nunca ocurre dentro del instrumento. Ocurre dentro de la persona que lo
estudia. Cada hora de práctica fortalece la paciencia. Cada dificultad superada
aumenta la confianza. Cada obra aprendida enriquece la memoria. Cada ensayo
enseña a escuchar mejor.
Y cada concierto recuerda que la
música no consiste únicamente en tocar notas, sino en compartir emociones.
Conclusión
Los instrumentos musicales son
diferentes entre sí, pero todos conducen hacia un mismo objetivo: desarrollar
lo mejor de quien los interpreta. Algunos afinan el oído. Otros fortalecen la
coordinación. Unos enseñan a respirar. Otros obligan a pensar con ambas manos o
incluso con todo el cuerpo. Pero todos, sin excepción, ayudan a formar personas
más sensibles, disciplinadas, creativas y perseverantes.
Quizá por eso la verdadera
pregunta nunca debería ser: "¿Cuál es el mejor instrumento?"
La pregunta correcta es: "¿Cuál
es el instrumento que despertará en mí el deseo de seguir aprendiendo durante
toda la vida?"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario